ARCADIA REVISITED
La felicidad siempre implica restricciones y condicionantes. Por tanto, no existe la felicidad total salvo en el autoengaño.
A Sophie siempre se la obliga a tomar su famosa decisión respecto de quienes más ama. Y esta decisión, por su propia naturaleza, siempre será desacertada. Esto es, un suplicio: el suplicio de Sophie.
Tú me reprochas mi silencio, ese silencio con el que procuré suavizarte mis rarezas. Y yo le reprocho a una tercera persona su silencio, ese silencio con el que (al menos, eso dice) pretendía no herirme. Y así... como en un bucle de Escher (donde las dimensiones son engullidas por otras dimensiones).
Hubo momentos muy gratos, incluso de extremo placer, en lo nuestro (tú lo dijiste -y yo lo sentía también, aunque el placer extremo fuese diferente para cada uno: en mi caso, más vinculado a la satisfacción de apetencias que habían quedado pendientes desde los albores de la infancia, el paliar de pronto ese prurito de orfandad, esa melancolía dickensiana que arrastré desde casi antes de tener uso de razón, con la certeza de que por fin importaba a alguien tras décadas de kafkiano desamor-). Hoy mi corazón está lleno de muñones que me hablan en esa lengua dolorosa, fantasmal, con que habla lo que uno se niega a admitir como definitivamente perdido. Muñones cargaditos de momentos tan felices que ahora me duelen en el pecho y el estómago, de imágenes que me zarandean desde la memoria y desde la materialidad de tu cámara, hasta el nombre con que me bautizaste y que hoy es mi identidad como cibernauta me hace sentirme todavía tuyo. Es todo tan concreto, tan real, como lo que me viste, lo que me calienta, con lo que me topo en mi casa a cada paso. Como esa película de Kitano (nuestro Kitano) que vi anoche por tv. Y, sin embargo, no podemos volver atrás, negar lo que nos llevó a esto. Sería la mayor burla, la mayor falta de respeto contra lo que hoy añoramos y tanto nos duele.
El amor, espejo mágico donde Narciso jamás deseará contemplarse: todas las impotencias, las incomunicaciones, las imperfecciones, los errores acechan (como la sombra a la luz) los momentos mejores y, pasado el cénit, van adueñándose del paisaje a la medida del crepúsculo (de la Arcadia al De Profundis)... Y, pese a todo, contra toda lógica ¿cabe el heroísmo suficiente como para plantearse, no sólo encararlo, sino atravesar ese espejo y tratar de aspirar a una relación más perfecta, más difusa y laxa en las formas pero con más hondura en su fondo, templada en las crisis, más cómplice (es decir, más comprensiva), más consciente de la fragilidad de cada vivencia (y, por tanto, de su tremendo valor), luciendo con orgullo sus cicatrices sabias (cicatrices sabias, digo -sabias como sonrisas-, y no llagas abiertas -como bocas en perpetua estupefacción-)?
Templada en las crisis... ¿Puede valer también para una relación el aforismo nietzscheano "LO QUE NO ME MATA ME HACE MAS FUERTE"? Ahí tenemos un reto interesante. Pero un reto, claro está, a asumir por ambas partes.



Yo también he vivido en la Arcadia. Y al final acabé alcanzando las más altas simas del dolor y el auto martirio. El tiempo todo lo cura. Pero al día siguiente del final, si vés un mínimo de luz (cosa rara), lo que más deseas es que esas llagas se conviertan cuanto antes en cicatrices (sí: sabias) que a mi por lo menos me cubren, cual caparazón, de desconfianzas y escepticismo.
Ahora estoy tranquilo, en soledad y de vez en cuando acompañado de esa falsa ilusión que siempre reaparece (animal que tropieza cuantas veces hagan falta en la misma piedra, aunque esta sea imaginada), de mi cómplice autoengaño que me hace sentirme feliz a lo mejor un par de horas por semana, nada más. Luego vuelvo al espejo, hábitat habitual, y respiro hondo. Sigo en paz. Lo importante. (Comment this)
¿Sabe, Zurdo?. Yo una vez lo "entrevisté" para la radio municipal de las Galicias de Luigi y mías (más mías que de él, creo yo. Porque esta tierra me enterrará, tan anquilosado me siento). Servidor no era un periodista, servidor no tiene ni oficio ni beneficio. Con eso le digo todo. Sólo tenía por entonces mucho arrojo, atrevimiento para dar el paso en acercarme a usted, persona compleja y difícil, a la que admiraba desde mi adolescencia. Sólo sabía que me amparaban ciertas armas: que el "Para tí" me había marcado profundamente cinco años después de haberse grabado (llegaba tarde, pero llegó para quedarse en mi por los restos), tenía sus discos de La Mode (incluso el 1984 tan maltratado, con su cartulina con la letra de Cuestión de gravedad), incluídos un par de maxis y el Proyecto Bronwyn aquel del que me gustaba tanto la cancioncilla De Memoria (y que por alguna extraña razón su estribillo me recordaba lejanamente al del Accidente del maxi single de amor). Luego robé en una tienda de libros de segunda mano su jucaresca Vainica Doble (quiza no importe que no recupere el texto- conferencia de la Habanera que le pedí hace días pues lo fundamental, lo canónico es más que probable que se halle en este librito que tanto me acompañó el verano de 1995). .. Obviando su etapa de camisas negras (casi me dio un soponcio el spot, yo era muy comunista de aquella), esto es lo que basicamente sabía de El Zurdo. Me había empachado de su Linea de sombra sin siquiera haber leído a Jünger. Pero en mi atrevimiento decidi que si charlaba con usted le preguntaría también por él, y por los intelectuales de derechas, por Pound, por los divinos suicidas, por las gentes que dieron su viraje ideológico con toda la sensatez del mundo y, que casi todas, eran extranjeras... Llegado el momento de la charla mi egotismo se amilanó en seguida ante su primera respuesta crispada por algo que le pareció mal de mi presentación o así. En cambio, aunque mi tono de afectación típico de los churumbel superstar se vino abajo, traté de mantenerme a flote con la idea fija de que usted no me fallaría. Porque aunque el entrevistador sea mediocre todo se salva (incluso hasta se consigue una brillantez especial) cuando el entrevistado es un buen charlatán (dicho esto en el mejor sentido de la palabra). Y eso yo creo que se logró. Conservo un ambiguo recuerdo de aquella tarde. Satisfacción y pena de no haber estado a una altura... Bien, no sé. Aunque prepare las cosas con esmero siempre termino asqueado con los resultados. Rara vez me siento satisfecho con lo que pare mi cabeza. Al cabo de unos meses le volví a llamar. Era para otra cosa. Ahora no viene al caso. Una colaboración que no pudo ser efectiva. Dejémoslo ahí.
En el blog voy a recuperar media docena de charlas con gente que yo admiro mucho. No recuperaré la suya. No por nada, es que de cincuenta sólo voy a elegir media docena. Lo importante son los personajes, que se abren con una facilidad asombrosa ante el muchacho que se acerca a ellos, incoherente, incompetente, acojonadillo, pero que como lo notan tan mitómano no cuesta ningún trabajo que aquellos a los que admira le den más por su dinero (0 pesetas frente a todo el ego del mundo).
Perdone el rollo. Me encontraba sólo esta noche.
r.portela@hotmail.com (mi correo, ya que estoy seguro de que nunca me dejará un comment en mi Fantasia) (Comment this)
Tal vez este blog (así como mi presencia frecuente en varios de los mentados en la barra lateral) sea, aparte de para elevar mi salud sentimental, por intentar una cierta cura de socialización. Como buen solitario consciente de su estado, amo y al tiempo me pesa esa habitación propia que tanto reclamaba la creadora de ORLANDO y que algunos traemos bajo el brazo desde el paritorio (como otros la famosa barra de pan).
Añadido queda su correo en mi libreta de direcciones. (Comment this)