18/04/2007

LA BURLA DE LOS DIOSES

Mis impulsos sentimentales nunca se sintieron tan en sintonía como en la segunda mitad de los 70, al coincidir en buena parte con lo que veía, leía, escuchaba y se consideraba a la sazón recomendable desde los focos de vanguardia. Una visión del amor en su sentido más concreto, íntimo y cotidiano, aunando caricias y convivencias, humores físicos y psicológicos, con el rechazo a los límites de número y/o género, a los apriorismos y estereotipos, al regodeo en la noción de diferencia, cuando amar se concebía como un juego abierto, como una aventura, como una exploración, más esquizoide que paranoide (si nos ponemos deleuzianos), como un safari cuya pieza más codiciada era el autoconocimiento a partir de los otros. Un autoconocimiento donde el Yo podía desarrollarse plenamente derritiendo sus gelideces al calor de la palabra "común" y no encastillando sus aristas en torno a la palabra "cocoon".

La emoción especial que hallé en aquel tiempo al leer sobre los Alegres Pillastres de Ken Kesey o sobre los momentos más dionisíacos de la Factory warholiana, al escuchar los himnos pansexuales de Patti Smith o las misas ungidas de humores íntimos que oficiaba Jim Morrison, al contemplar las imágenes liberadoramente ambiguas que me deparaban films como "TEOREMA", "THE ROCKY HORROR PICTURE SHOW", "CONFIDENCIAS", "PERFORMANCE", "ARREBATO", o al tratar en aquel umbral de décadas a la antipareja Eduardo Haro Ibars-Blanca Uría, una emoción que después ya sólo encontraría, muy de tarde en tarde y en contados destellos (abocados ahora a la más completa catástrofe -los valores habían cambiado: lo que en los 70 se consideraba desde el ensueño utopista ahora se veía como nihilista cul de sac, como irresoluble tragedia para uso agónico de desplazados-), en rarezas como "INSEPARABLES", "JUEGO DE LAGRIMAS", "CRASH", "VELVET GOLDMINE"...

Toda aquella aspiración pansexual, comunal, abierta, se iba obliterando a mi alrededor y el amor, como cualquier otro rasgo de los nuevos tiempos, se transformaba, privatizaba, cocoonizaba, cerrándose en categorías cada vez más definidas: ya no había vasos comunicantes sino compartimentos estancos, ya no había gente a la que amar sin discriminación sino casilleros en los que encajar (casilleros hetero, casilleros gays, casilleros lésbicos, todos afirmándose en los estereotipos más previsibles -esos mismos estereotipos que en los 70 se habrían rechazado como actitudes retrógradas y alienantes-). Y quien, como yo, no entraba en ningún casillero iba dando topetazos cual bola de pinball contra frustrantes y fugaces abortos de relación plenos de malentendidos, refugiándose de manera casi irreversible en una agridulce soledad fantasiosa (que, aparte de los humores previsibles, se derramaba en canciones, cuentos, poemas, evocaciones de sesgo sentimental...).

De pronto, al mediar el 2003, los dioses, siempre traviesos, me depararon casi al tiempo dos presencias profundamente diversas pero igualmente atractivas a los ojos de mi corazón, ¿mimbres acaso para que yo realizara finalmente mi anhelo de antipareja, mi visión nunca satisfecha del amor consumado más allá del número 2, mi particular interpretación de la jardielesca frase "TU Y YO SOMOS TRES"? Yo, claro, desde mi puñetera ingenuidad de Robinsón sentimental, entré al trapo en el envite. Y, como era de esperar, me estrellé: nadie, salvo yo, estaba por la labor (se me ofrecía amor, sí, pero desde muy distintas perspectivas: amores, en realidad, y, ya digo, completamente antípodas, antagónicos, incompatibles, en el fondo como en la forma -uno surgido de un común impulso especular, narcisista, incluso me atrevería a llamar homófilo pese a la diferencia formal de género, basado en la búsqueda gozosa de afinidades, y el otro, por el contrario, sustentado en la fascinación por la otredad, por el descubrimiento de parajes emocionales desconocidos o enterrados, en mi caso, desde hacía mucho-). La coyuntura sublime que yo había creído encontrar se volvió desgarro, transtorno bipolar, felicidad mutilada en cada caso (bovarizando, tantalizando a la otra parte en tanto que ausencia), bolero cruel ("¿cómo se pueden amar dos mujeres a la vez y no estar loco?" ).

A fin de cuentas, los dioses sólo estaban burlándose de mis impulsos anacrónicos, tan vintage (no puede existir el amor como concepción abierta, como tentación monista, en tiempos de antiutopía: sólo disociación, bloqueos, fobias, mimadas como signos preciosos de identidad -y si te rebelas contra ello te llaman inmaduro, amorfo, asexual y te obligan a crecer, esto es, a tapiarte la fontanela del corazón-).

Sólo buscaba algo (al parecer, aberrante en nuestros días) como la consumación de este horizonte: que quienes más quería también se quisieran entre sí. Y pensar que hubo un tiempo en que tal aspiración se habría considerado hasta hermosa...

Posted by EL ZURDO at 02:12:20 | Permanent Link | Comments (6) |
Comentarios
1 - Una de sus más grandes virtudes es haber entendido el verdadero espíritu de los años setenta de la España más aperturista,más avanzada, más europea que como siempre llegaba tarde, puesto que en la cultura anglosajona eso ya se había dado en la era pop (con aquel sueño abortado de las comunas hippys: siempre serán más interesantes los beatniks que los acémilas jipiosos, sólo superables estos últimos en idiocia a los progres de estos pagos). Suerte la suya de no haber, (hablo a tientas pero es lo que me ha dado ha suponer este texto) de no haber, digo, sufrido el demonio de los celos. Supongo que la irresolución voyeurística de su tableaux erótico femenil puede que se debiera a que aquellas o eran muy jóvenes cronológica o mentalmente y no captaban su onda o eran, simplemente, antagónicas entre si. Aqui digo yo que no entraría en su subconsciente el mito straight del harén, que la progresía confundió con comuna para subsanar sus propias limitaciones afectivas, producto de su autorepresión (no, sin duda espero que usted no sea ese).
Creo que nuestro temperamento latino (del cual parece usted estar inmunizado, por fortuna) anula cualquer tipo de riesgos en las relaciones triangulares, o en las relaciones tout court. Asi vamos abocados al fracaso, al posterior ensimismamiento del indeseable que no para de desear. Del celoso patológico, rey del mambo, que ve como el otr@ huye veloz en pos de una ansiada liberación. Verguenza de mí, que naci en el 69 (anneé erotique). (Comment this)

Escrito por: maciste betanzos at 2007/04/18 - 13:26:20
2 - El mito del harén implica cosificación y posesión y, si reflexiona un momento sobre lo leído en mis espacios web (LDS, este blog), ¿le parezco cosificador, posesivo y/o celoso?
Yo nunca me he visto como rey de ningún mambo sino como parte de algo (como en próximas entradas todo esto se irá concretando más y más, mejor no destripar y dejar que la agudeza de quienes leen vaya ejercitándose). (Comment this)

Escrito por: el zurdo at 2007/04/18 - 13:35:55
3 - Que la agudeza venga por ambas partes. En ningún momento le he señalado como celoso o rey acaparador. Sólo que a partir de su magnífico post me acordé de la manera radicalmente distinta en la que entendieron muchos sectores masculinos (basicamnte) de nuestro país el concepto de liberalidad sexual (con su doble moral y que sigue dando coletazos en la actualidad con el sacrosanto sacramento del garrotazo a la parienta mientras luego uno va tirando de agenda de furcias al por mayor). También acabé en el espejo interior, indangando en mi mismo, en mi puto egoismo cada vez que he iniciado una relación sentimental. Sólo era eso. Nada que le afecte. Disculpe las molestias. (Comment this)

Escrito por: maciste betanzos at 2007/04/18 - 15:25:25
4 - Bonito texto, D. Fernando (Comment this)

Escrito por: Don Julito at 2007/04/18 - 23:20:44
5 - Y qué buena la foto...Ahora que lo pienso resume perfectamente la sensación de vacio que tuve con "El Ponche de acido lisérgico" de Wolfe, al acercarme a las últimas páginas y sentir que dejaba atrás el bus... Me voy a a ver si bajo la peli de "Confidencias", es la única peli de esa lista que no he visto y las demás son verdaderos "musts". A Visconti quizás no le he prestado la atención que debería.

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Escrito por: sin at 2007/04/20 - 00:39:59
6 -

Recuperar esas nociones básicas, aparte de que es un placer hacerlo leyéndole, hace que parezca otro mundo. Mire que yo soy muy straight y en muchos sentidos, pero a mí también me parece que debajo de la guarricie sexual imperante, prima lo neolítico, solo que con móvil. (Donde, por supuesto, aparecen en pantalla los implantes de una burda pelandrusca) (Comment this)

Escrito por: XabiVonPuta at 2007/04/20 - 13:09:18
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