LAS "FEAS" DE HITCHCOCK
He reflexionado sobre la venganza misógina que perpetró Hitchcock en sus dos últimas películas, dando los papeles protagónicos femeninos a mujeres consideradas poco atractivas desde un prisma convencional. Si en el caso de "LA TRAMA" no voy a discutir su maligna intención (pues tanto la rubia bizca Karen Black -muy popular en los 70 dentro del nuevo cine USA en films como "MI VIDA ES MI VIDA", "EL GRAN GASTBY" o "COMO PLAGA DE LANGOSTA"- como la regordeta Barbara Harris nunca me han atraído; y la primera, además, siempre me ha producido una cierta grima, que asocio con las mujeres a las que imagino usando siempre prendas íntimas color carne y con problemas de sudoración y mal aliento), en el caso de "FRENESI" la cosa cambia, pues da la casualidad de que tanto Barbara Leigh-Hunt (podría ser perfectamente, por sus trazas de achaparrado marsupial, pariente de mi idolatrada Hope Davis -aunque reconozco que esta es mucho más carismática en sus encantos: Leigh-Hunt tiene un aire más freak que le permite dar lo mejor de sí en ese primer plano con los ojos a punto de salírsele de las órbitas y la lengua fuera, una de las secuencias cinematográficas más hiperrealistas de muerte femenina, versión sublimada de lo que el director le habría hecho a Tippi Hedren con sus propias manos de haber carecido del talento creativo suficiente para metabolizar sus rijosas oscuridades de armario psychokiller) como Anna Massey (una de las mujeres más atractivas que puedo recordar en la pantalla, con su figura longilínea, casi pubescente, y su rostro roedor, acusadamente zoomorfo, amén de sus tonalidades pelirrojas -aparte de "FRENESI" y de su anterior encuentro con psicópatas en "PEEPING TOM, EL FOTOGRAFO DEL PANICO", su otro momento de gloria fue aquel film británico de Preminger, "EL RAPTO DE BUNNY LAKE", casi una década antes de su colaboración con don Alfredo) me parecen mucho más interesantes que todas las bellezas anteriores (quizás exceptuando a Kim Novak, a quien siempre he encontrado entrañable y profundamente mágica).


Hay una tercera actriz que incluiría en este apartado, aunque pertenece a unas décadas antes. Hablo de la propia hija del director, Patricia, esa dulce premonición de Meg Griffin utilizada como cebo en "EXTRAÑOS EN UN TREN" para atrapar al chico listo. Su rolliza inocencia, sus gafas, su peinado, su expresión afable, siempre me resultaron profundamente sugerentes.


