ENVIRONMENT
(idea para cuento pergeñada sobre 1985)
La mujer juega con las gafas de sol. Angeles y ninfas en piedra artificial salpican el césped. Un hombre con mono azul y gorra de ciclista limpia la piscina con suma lentitud. Varios cachorros de cocker corretean cerca del seto. En la estantería del porche hay ejemplares de READER'S DIGEST, novelas de Francoise Sagan y Vicki Baum, un manual de jardinería, otro de cocina china y una antología de relatos truculentos seleccionados por Hitchcock.
La mujer se mira con disgusto las uñas. En lo alto del alerce se ha posado una abubilla. Por la vecina carretera general, cupés y rubias parecen competir en dirección hacia la playa. Un Jaguar E color rosa remolca una lancha motora. Ruido de llantas sobre los guijarros: el seto oculta un vehículo que se interna por el camino de la urbanización. Se oye lejanísimo, casi intuyéndose, el mar.
La ciudad Venera Bay, lugar de nacimiento de la pelirroja Andrea Malone, duerme miniaturizada en una bola de cristal al lado de los libros. Si se agita la bola, formas blancas que recuerdan albatros se mueven como si volaran. La mujer, tras apurar su vaso de tónica, saca de un cajoncito un frasco de laca y una lima de esmeril. El hombre del mono ha sacado de la piscina algunos cadáveres (tres ranas, un petirrojo, cinco saltamontes y una mantis a medio desarrollar), que contempla con expresión reconcentrada.
Los cachorros de cocker se persiguen alrededor del alerce. Detrás de la mujer, colgada en la pared del porche, hay una foto de una chiquilla como de unos siete años abrazada a un libro de Enid Blyton. A su lado, la puerta a medio cerrar, de madera, con barrotes negros de hierro forjado y un gran cristal esmerilado de color verde amarillento. Dentro de la casa se oye la televisión (¿DAKTARI?).
Un joven de aire tímido entra en el jardín. Habla unos momentos con el hombre del mono. Este le señala a la mujer, que, extrañada, ha dejado de arreglarse las uñas. El joven se acerca al porche. Saluda con un cierto titubeo.
-Me... me manda la agencia.
-¿La agencia?
-Usted pidió un taxidermista...
-Oh, sí... Quería conservar a Prometeo, mi carcayú. Murió de un cólico anteanoche.
A medida que hablan, el cielo se va nublando poco a poco. La televisión emite música de Bernard Herrmann. El hombre del mono, con disimulo, se dispone a devorar el cadáver pubescente de la mantis. Los cachorros de cocker se muestran inquietos, abandonan sus juegos y comienzan a gemir lastimeramente. Por la vecina carretera general, un Jaguar E tuneado como coche fúnebre remolca una reproducción a escala 1:3 del buque fantasma de los cuentos. Rompe a llover: los ángeles y ninfas se oscurecen y lloran.



En una de las mejores novelas de Ellroy salía uno de estos simpáticos animalillos.
Yo más bien presagiaría la inminencia de un asesinato por la aparición de un taxidermista tímido y por la música de Bernard Herrmann, amén del Jaguar E tuneado a lo HAROLD Y MAUDE.
En realidad, la pelirroja Andrea Malone (como mucho de lo descrito en el cuento) tiene que ver con el bungalow marbellí de mi tía la randiana, donde pasé uno de los mejores veranos de mi vida. Era una adolescente que solía apostarse en el vecino bosque de eucaliptos y con quien mantuve un conato de relación parecida a la que Bart Simpson mantiene con su "canguro". (Comment this)