28/10/2007

LAS CANCIONES DE MI VIDA (11)




ANA, EL OTOÑO




(letra y música: Fernando Luna)

(intérpretes originales: ROMANTICA BANDA LOCAL)



Ana, el otoño

llegó tras irte tú.

Lo recibimos solamente

la ventana, el canario y yo.

Allí estaba mi impermeable

pero tus sandalias no.



Ni el amor de hojas marrones...



Llueven hojas y los geranios

se ponen el chaquetón.

Son las tardes grises

y el sol es medio marrón.

Fuisteis mi otra vida

tu amor, el Otoño y tú.



Te fuiste tú, quedó la Luna.

Te fuiste tú, Luna de Otoño.







ilustración: Isabel Quintanilla

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22/10/2007

TOONIES



«¿qué le voy a hacer? los Simpson me echan p'atrás por mucho que sean un icono de la cultura pop bendecido por todos sus popes. Es algo visceral. No soporto ni los bicharracos amarillos, ni el doblaje (tiene delito, por ejemplo, doblar un capítulo en el que pone su voz Michael Jackson), ni sus chistes, ni sus cameos, ni su musiquilla... Tal vez algún día me decida a hacer un post antisimpson, pero hoy por hoy hasta eso me da grima.» (DILDO DE CONGOST)
 

Dildo colgó en su Zoo no hace mucho una entrada dedicada a una versión porno de LOS PICAPIEDRA y, entre otras cosas, dejó clara (con la contundencia demostrada líneas arriba) su manía a LOS SIMPSONS y su afición por la saga cavernícola, en particular, y buena parte de las series de Hannah & Barberá, en general. Yo me quedé con ganas de hacer unas puntualizaciones pero, dada la profusión de trolls, tocapelotas sin pelotas (que diría un ghostbuster) y capullos reveníos que abundó en ese hilo, se me acabaron quitando las ganas y prefiero contestar ahora desde aquí.

LOS PICAPIEDRA entraron en España con el UHF (hoy TVE-2) y, en su contexto, supusieron una entrada parecida a la de LOS SIMPSONS. Esto es, una serie de dibujos para jóvenes más que para niños que aparecía en un medio alternativo (el UHF como canal de arte y ensayo frente a la 1ª Cadena como canal mainstream .lo mismo que LOS SIMPSONS entraron dentro de aquel espacio presuntamente rompedor -en realidad, más bien irritante- que presentaban el tándem de fenómenos Bibian@ y Rossy). Su temática de peripecias conyugales enlazaba más con series como EMBRUJADA o con films como los protagonizados por Rock Hudson, Doris Day y Tony Randall que con el mundo explícitamente infantil de Disney o de otras series de la propia factoría H&B (EL OSO YOGI, HUCKLEBERRY HOUND, PIXIE & DIXIE...).

Yo tuve mi primer contacto con la televisión allá por el 62, cuando mis tíos se compraron su primer aparato, un enorme Telefunken, que, por estar situado encima de un no menos descomunal aparador, había que ver casi como en un bar o como la pantalla de un cine, con la cabeza muy alta, casi al borde de la tortícolis, y rodeados de vecinos y parientes. Mis momentos mágicos eran las dos horas y media entre la merienda y la cena, cuando el cajón de las sorpresas audiovisuales quedaba sólo para mí. Entonces me deleitaba con las ingenuas peripecias del perro azul cabezabuque, del caballo parlante MR ED, del gato cañí y los ratones caribeños, o de los primeros úrsidos que entraron en mi vida, esa peripatética pareja formada por el filósofo un poco alelado Yogi y su discípulo el preadolescente Booboo (primer atisbo en mi imaginario erótico -ahora que lo pienso- de ese carnoso profiterol que los toonies me depararían muchas décadas más tarde, Meg Griffin).

LOS PICAPIEDRA los vi muy poco, siempre en casa de parientes más ricos que habían instalado segundo canal, y su temática conyugal de familia feliz USA no me decía mucho (para entonces ya vivía con mi madre y mi abuelo y tal vez, si hubiesen sido LA FAMILIA ADDAMS, habría conectado mejor; por otra parte, las demás familias españolas que conocía, mucho más cercanas a las historietas neorrealistas de Bruguera o al sórdido casticismo de Rafael Azcona, tampoco me ponían en disposición de identificarme con aquellos burgueses trogloditas que vivían como californianos de clase media -o sea, como españolitos de clase alta-). Era todo demasiado normal frente al esperpento cotidiano en el que yo me movía y, ya puestos, me hacían más gracia los apuros del soltero Larry Hagman con la genio Jenny, o las trapatiestas de Samantha y su señora madre sufridas por el marido descerebrado de turno, o, ya no digamos, LOS MUNSTER, donde por fin encontré algo más cercano a mi día a día familiar. Además, ya había comenzado a obsesionarme/identificarme con los dinosaurios y otras bestias extintas, y me parecía aberrante profanar la gloriosa anomalía y épica supervivencialista de las épocas prehistóricas con el mensaje welfare del Mondo Flintstone.

Hubo una serie paralela, LOS SUPERSONICOS, que seguí con más ganas cuando, allá por el 66, mi abuelo compró también televisor (un Zenith, creo recordar). El elemento futurista y de SF me resultaba atractivo y la asociaba a otras series que seguía a la sazón, como PERDIDOS EN EL ESPACIO, TIERRA DE GIGANTES o STAR TREK amén de aquel film tan desasosegante, PLANETA PROHIBIDO... Aparte, tanto la madre (que siglos más tarde reencontraría en las formas marsupiales de Lois Griffin) como la hija (anticipo de la vástaga de los Bundy), me resultaban muy gratas de contemplar.

A medida que crecía, me di cuenta que las series de H&B se degradaban a velocidad de vértigo. Recuerdo haber disfrutado todavía con la temática western protagonizada por el equino Tiro Loco McGraw (claramente inspirado en el larguirucho James Stewart) y su compadre el torito Pepe Trueno, o con las pesquisas detectivescas de Superfisgón y Despistado, incluso con Don Gato y su pandilla (con ese perfume picaresco a lo Blake Edwards y Richard Quine), o con aquella mofeta enamorada de una gata de pelaje idéntico al suyo (tal vez el personaje de H&B con el que más me he identificado -¿metáfora prematura y latente del uomo lésbico?-). Pero después, series como SCOOBY DOO (que sólo aguanté durante una temporada, únicamente por lo mucho que me calentaba Velma Dinkley), LOS AUTOS LOCOS (sólo me hacía una cierta gracia el perro Patán y su actitud sardónica), los adolescentes Pebbles y Bang-Bang, el gorila Magilla, PEPE POTAMO, etc, se me hacían más y más elementales y rutinarias. Al final sólo daban pie para hacer unas risas ante los compañeros del colegio a cuento de determinadas coletillas (la manera de hablar de la hiena Tristón o la frase «¿QUE TE PASZA CALABASZA, DIGO NOW? -uno de los primeros intentos de parodiar el argot pijo- de la serie MUTSY EL FANTASMA).     









En cuanto a LOS SIMPSONS, al principio me entraron con el pie izquierdo, por el espacio ya mencionado en el que se incluían y por su grafismo demasiado basto (amén de la voz de Bea Arthur con que se afeó en la primera temporada el doblaje de Marge). Fue al leer un entusiasta artículo en MB cuando empecé a seguirlos. Al ser expulsado del infierno brutto, volví a cogerles una cierta manía por asociarlos (creo que esa es también una de las razones que han acrecentado la aversión de Dildo) con el retrete temático de Galactus (minimuseo simpsoniano para hacer de vientre). Pero finalmente pudo más mi atracción por personajes como Sideshow Bob y Hank Scorpio (mis alter egos en la serie), por Marge, por Barney, por el celiniano Moe, o por Homer como máxima expresión del descerebrado subhomínido capaz sino de arreglar el mundo, al menos de acelerar su destrucción (algo siempre positivo desde mi punto de vista en épocas de Kali-Yuga), y responsable de la frase más positiva que he oído nunca para referirse a la relación con una mujer («ES MI MEJOR AMIGO Y ADEMAS ME DEJA TOCARLE LAS TETAS»). Luego, me sorprende esa agudeza hiperrealista de tantos personajes simpsonianos que he conocido, clavaditos, en la vida real: el alcalde Quimby, Patty y Selma, Waylon Smithers... O el hecho de que Pedro Sempson, el primer doblador del señor Burns, fuese también físicamente idéntico a él.

Reconozco disfrutar más con FUTURAMA (de nuevo mi gusto por los escenarios especulativos y por lo anómalo como cotidianeidad -la ciclópea Leela, el iracundo presentador de noticias, mi alter ego Kiff, la chinita Amy, el entrañable profesor Farnsworth y su batería de inventos disparatados, la cabeza de Nixon gobernando el planeta, etc-). Y ya no digamos con FAMILY GUY, como queda claro por mi avatar en este blog y por tantos guiños y homenajes sea aquí o en mi web (aunque no puedo comprender cómo habiendo alumbrado una serie tan rica en momentos brillantes, el señor McFarlane ha podido excretar algo tan infecto y cansino como AMERICAN DAD -creo que, de las sagas recientes de dibujos, ésta compite con SOUTH PARK y con esa otra de los cabezas cuadradas, EL REY DE LA COLINA, en provocarme grima, transtornos depresivos y síndrome premenstrual-).

Por último, no puedo dejar de recordar con afecto RUGRATS (la mejor serie de dibujos para público infantil que he visto y cuyo atinadísimo tratamiento de la psicología de los bebés me retrotrajo a épocas felices que ya creía olvidadas -hasta me vi en su estreno la película LOS RUGRATS EN PARIS y me sentí de la misma edad que el meoncete público que me rodeaba-) y también, aunque con muy distinto enfoque de audiencia, la nihilista pareja de mutantes recesivos BEAVIS & BUTTHEAD y los combates de animación con plastilina CELEBRITY DEATHMATCH.








Acabaré, como en un engaño óptico de Escher o como una figura de la baraja, con una cita antípoda sobre la saga simpsoniana, en este caso de Fruno:

«Recuperé el espíritu, y no puedo ocultar que lo hice feliz, descubriendo a mi alrededor a centenares de personas equivocadas, desencantadas, que buscaban justificaciones absurdas para su abandono del militantismo simpsoniano después de años y años de fidelidad, amparándose en una sobadísima y límite colección de excusas, tales como una supuesta degeneración de argumentos, deslegitimación de personajes y diálogos, ridiculización de situaciones, infantilización progresiva e incluso el abrazo ciego a otro tipo de infraproductos de explotación for dummies a los cuales consideran más modernos y políticamente incorrectos, y que en mi opinión no son más que un desfile de gilipolleces fusiladas de la serie de Groening y compañía, mal disfrazadas de frescura, originalidad y transgresión. El nuevo orden de cosas parece haber relegado a los Simpsonsa una parcela de público habitada bien por fanáticos nostálgicos irredentos, bien por niños sin sesera ni criterio. La mayoría de la gente de mi generación con la que hablo del tema, parece convencida de que "la serie ahora es una mierda", y que los citados subproductos copiones de inclasificable catadura y de ínfima producción son el acabóse, lo más de lo más. A mí me da igual que la gente se consuele adaptando este tipo de posturas, y de hecho creo que en cuanto recuperen el ritmo se arrepentirán del tiempo malgastado... Además, creo que es signo de los tiempos que corren. Por este tipo de errores generacionales luego pasa lo que pasa, y ya vendréis lloriqueando cuando sea tarde. Y de hecho, a mí me hace hasta ilusión descubrir que los Simpsons son, al menos en España y para el target de población al que yo pertenezco, una serie de culto otra vez. Me hace sentir muy bien


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19/10/2007

LOS AMORES DEL DOCTOR MOREAU (6)









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11/10/2007

THE ANDREWSARCHUS WOMAN

 

«Los períodos prolongados de calma favorecen ciertas ilusiones ópticas. Una de ellas es la suposición de que la inviolabilidad del domicilio se funda en la Constitución, se encuentra asegurada por ella. En realidad la inviolabilidad del domicilio se basa en el padre de familia que aparece en la puerta de la casa acompañado de sus hijos y empuñando un hacha en la mano.» (ERNST JÜNGER, «LA EMBOSCADURA»)

El pasado sábado me vi con mi osita la última película de Jodie Foster, LA EXTRAÑA QUE HAY EN TI. Me impactó bastante. Disfruté de ella, tan vivamente que deberé esperar a un nuevo visionado pasados uno o dos años para saber, en unas circunstancias de ánimo más serenas, si realmente lo que me gustó fue el film en sí o la identificación coyuntural con la protagonista justo cuando mi sensibilización ante la violencia, la ofensa y la humillación gratuitas está prácticamente en carne viva.

Jodie, superdotada intelectualmente, imán de anómalos y perturbados en la ficción y en la vida real (desde trolls como Hinckley o Richardson a presencias sobrehumanas como Lecter), lesbiana más furtiva que payasesca (su críptico rigor contrasta con el chantaje exhibicionista de tantas otras -recordando a su contrapartida masculina, Kevin Spacey, en este juego de ambigüedades frente al empobrecimiento icónico que implica simpre la estereotipada obviedad-), madre sui generis pero profundamente entregada, atea y feminista con un algo de epicidad randiana (ignoro si consciente o no) que da su punto de heterodoxia a ambas condiciones, amiga de dietas estrictas (mi osita detectó su parco régimen alimenticio en las filosas facciones y en el cutis estragado), obsesionada con la seguridad (como muestran varias de sus interpretaciones anteriores y también, paroxísticamente, ésta), niña vieja (su figura menuda se hace centenaria en los primeros planos, en esas arrugas rodeando sus labios, en esas manos nervudas -como cinceladas por Buonarotti-), fibrosa en su cautela (que algunos considerarán paranoia al ver esos brazos, esas pantorrillas, dignas de una partidaria a ultranza de la autodefensa), hace tiempo que el espectro en permanente alerta de Clarice Starling la posee (como Norman Bates acabó adueñándose de Anthony Perkins) y dirige sus pasos en habitaciones del pánico, en aviones poco seguros, o, como ahora, en la megaurbe (esa megaurbe que hace milenios -cuando Jodie se hacía llamar Iris- otro insomne traumatizado recorría con su taxi, recorrido que hoy ella revive micro en ristre cazando momentos a auscultar en su vigilia radiofónica de madrugada). Paz herbívora y progresista mutando ante los embates de la realidad. Como aquel apacible ungulado (pariente de ciervos y jabalíes) que acabó deviniendo en el mayor carnívoro terrestre y, después (oh, paradoja evolutiva), en la criatura más inteligente que ha surcado los mares.

No puedo juzgar con objetividad, repito. En estos días amargos de ataques arbitrarios y groserías reas de la máxima pena, sólo sé que ver esa película ha supuesto como un pequeño oasis para mi autoestima. Y me ha conmovido. Fui durante un buen rato Erica Bain, tras casi veinte años de desencuentro con la actriz. Volví a sentir bajo mi piel su fibra nerviosa, cautelosa. Como la primera vez que, partiendo de sus ojos, me topé con mi dios Lecter en aquella galería sórdida donde (casi como en algunos momentos de Internet) las gotas de semen y los exabruptos olfativos volaban desde las celdas sin luz.       

 

 

dos reseñas sobre esta película:

http://dreamers.com/web1/i/advance/e/75/p/sistemas/basico.html

http://www.ifeminists.net/e107_plugins/content/content.php?content.231

 

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08/10/2007

DETRAS DE LAS RISAS (EL DESENLACE)

En los finales de ciclo toda actuación negadora de entropía (afirmadora de bondad, por decirlo de un modo más emocional) implica por su propia naturaleza un acto fallido. 

Aquí, varios ejemplos:

 


 

 

 

«Hoy ocurre a veces que un hombre dulce, mesurado, discreto, se pone de repente furioso, rompe los platos, vuelca la mesa, grita, alborota, injuria a todo el mundo - y acaba por irse de allí avergonzado, rabioso contra sí mismo, - ¿hacia dónde?, ¿para qué? ¿Para morir de hambre en su aislamiento? ¿Para asfixiarse con su recuerdo? - Quien tenga los deseos propios de un alma elevada y descontentadiza y sólo raras veces encuentre puesta su mesa, preparado su alimento, correrá en todas las épocas un gran peligro: pero éste es hoy extraordinario. Arrojado dentro de una época ruidosa y plebeya, con la cual no le gusta comer de un mismo plato, fácilmente puede perecer de hambre y de sed, o, en el caso de que acabe por "alargar la mano", de una náusea repentina. Probablemente todos nosotros nos hemos sentado ya a mesas que no eran las nuestras; y precisamente los más espirituales de nosotros, los que somos más difíciles de alimentar, conocemos aquella peligrosa dispepsia que se deriva de un conocimiento y un desengaño repentinos acerca de nuestra comida y de nuestros vecinos de mesa, la náusea de los postres» (cita de Nietzsche que Elderly me ha recordado a propósito de la crisis que ha motivado esta entrada)

 

cruce de emilios con mi osita

-¿Cómo van tus peripecias internautas?

-Pues muy tranquilas. No he vuelto a asomarme al PEGAMIN, así que me ahorro más sofocones. El lunes meteré en mi blog una entrada (DETRAS DE LAS RISAS 2) donde incluyo la cita que me mandó Elderly.

-Pues haces bien, aunque te diré que quieren que vuelvas. O igual es para reírse de ti. Como yo no controlo este tipo de maquiavelismos de patio de colegio, en fin, si has dicho que te vas, lo mejor es mantener la decisión. Yo, ya sabes mi opinión: contacto con españoles, el mínimo indispensable.

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04/10/2007

A LA SOMBRA DE HONEYBUNNY (2)

 

PALAS ATENEA Y MODESTY BLAISE 

 

«Para el autor, el amor desdichado, el ideal, o, en cualquier caso, el que quedó sin realizar, es el más fecundo. Por lo general, será también el primer amor.» (Ernst Jünger, «EL AUTOR Y LA ESCRITURA»)

Mis dos cursos de internado en Málaga (67/68 y 68/69) coinciden con dos descubrimientos hechos los fines de semana en casa de mi tía Cari: la mitología griega y los cómics para adultos que aparecían en la revista FOTOGRAMAS (concretamente, la saga británica de MODESTY BLAISE). En ambos casos, pasados arquetipos se reciclaban afirmando su continuidad: Ligeia reaparecía a través del mito arcaico (primero en la figura psycho de la hechicera Medea, filicida por despecho -y anticipo en el modo de liquidar a su progenie de mi dios Lecter-, cuya femineidad entendida como catástrofe natural me traía a la mente, con la agridulce fuerza gravitacional que da el horror asumido como destino perenne, la cotidianeidad en Madrid junto a la autora de mis días; más tarde, desde el otro extremo, desde la cordura sin concesiones -y, por tanto, también anómala para este mundo loco que no sabe adónde va, por citar una canción de la época-, la diosa surgida de una jaqueca paterna, ese rostro sereno que con el tiempo adquiriría trazas de actrices como Deborah Kerr o Claire Bloom, tórridas y cerebrales a un tiempo -vestales de Dios o del Partido o compañeras del Hombre Ilustrado- pero también, más envejecida, más parecida a su mascota estigia, la curtida y randiana faz de mi tía Carmela, el único miembro de mi familia que me ha inspirado un respeto reverencial y la antimateria, por su autocontrol y claridad de juicio, de mi desquiciada madre) y también lo hacía la señora Peel (en la angulosa osamenta de Modesty Blaise, de quien ya dijo mi alter ego Nicolás Sicodelo -EL CORAZON DEL BOSQUE nº 1- lo mejor que se me puede ocurrir: «...Modesty Blaise era otra cosa: británica, sofisticada, transgresora de roles sexuales (ella llevaba las riendas de la acción y su colaborador varón no pasaba de ser una mezcla de bibelot y perro de presa), tremendamente actual en un momento en que la actualidad resultaba atractiva y no repelente... A través de este cómic y de la revista de cine que lo publicaba fuiste descubriendo el pop-art, la psicodelia, la contestación juvenil, el rock y la insumisión femenina cuando otra gente de tu edad prefería el fútbol y los incipientes pavoneos machistas ante el sexo débil. En la clase de Dibujo, en vez de copiar los inevitables jarrones y molduras de los manuales de texto, tú cogías los rotuladores y recreabas a tu heroína ante el pasmo del profesor, que, seducido por tu iniciativa, te daba una nota alta por hacer lo que te salía de las narices (...) Con Modesty Blaise sentiste tus primeros cosquilleos púberes: era afilada, activa, oscuramente hermosa (jamás has podido comprender cómo la payasesca Monica Vitti pudo encarnarla en la pantalla; aún está pendiente la auténtica película sobre este personaje). Te reafirmó en tu convicción íntima de que la Mujer no es débil sino que se la obliga a sentirse así por diversos condicionantes sexuales y sociales.»).

También, en los veranos, cuando pasé algunos días en el bungalow marbellí de la ya mentada tía Carmela, mis obsesiones del momento, más eruditas que creativas (el estudio compulsivo de los animales más extraños tanto vivos como extintos, a los cuales veía como mis semejantes -el perezoso, el oricteropo, el ornitorrinco, el equidna, el lobo de tierra, el pangolín, el tigre de Tasmania, el anfioxo, el dipnoo, el diplocaulo, el olm, la cecilia, el kiwi, el glotón, el icneumón, el yaguarundi, el loris, el hoatzín, el dugongo, el alacrán cebollero, la polilla de la muerte...; a comienzos de los 90 me regalé un libro fundamental, ENCICLOPEDIA DE DINOSAURIOS Y ANIMALES PREHISTORICOS, uno de los catálogos más completos de bestias de otrora, una auténtica gozada para quienes aman las criaturas anómalas, y donde descubrí mi animal tótem desde entonces, el andrewsarchus, el rumiante que, por ampliar su dieta, mutó en el carnívoro mayor que jamás ha pisado tierra firme y que acabaría abandonando ésta por un refugio más recóndito hasta convertirse en la primera ballena- y la fascinación por la geografía política -que me llevó a saberme de memoria todos los países del globo, con sus capitales, banderas, escudos, monedas, forma de gobierno y posibilidad de crisis: sobre todo me atraían los territorios en litigio como Vietnam o Corea o Africa del Sudoeste o Rhodesia así como los dominios de la Commonwealth, como Australia, Nueva Zelanda o Canadá, por su peculiar situación de soberanía; en los últimos tiempos he recuperado esta fijación infantil al descubrir una web fascinante, dirigida a maniáticos de las banderas y de los pleitos territoriales-), me parecían perfectamente acordes con la imagen legisladora y belicista de la diosa griega y el activismo al servicio de la diplomacia secreta de la heroína británica.

 

 

 

 

 

 

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