26/11/2007

FAKES



(con un saludo al number 77, el hombre lefante)


(recupero, actualizada, para este blog una de mis primeras reflexiones eróticas aparecida en LINEA DE SOMBRA y hoy bastante hecha polvo en su servidor original) 


Los fakes son muy (pero que muy) anteriores a Internet. Existen en la plástica de otros siglos (pensemos en «La maja desnuda» de Goya -fake a la inversa: esto es, cuerpo de famosa y rostro anónimo-, en la estatuaria romana -a un rostro de senador fondón y con varices se le calzaba un torso olímpico y hercúleo- o en los humanimales -harpías, esfinges, sirenas, gorgonas...- del simbolismo -hay, por cierto, una especie de fake de la bastorra Mónica Naranjo remedando el cuadro mas célebre de Alexandre Seon que a quienes amamos a los pintores del alma, nos tiene por fuerza que corcovear el kundalini de pura grima-). Existen fakes en la cirugía (bien cirugía profesional -recordemos los trasiegos del buen doctor Frankenstein/Branagh intentando encajar la cabeza de Helena Bonham Carter en el tronco de su prima en tanto La Criatura/De Niro, lleno de rijoso furor, reclama su libra de carne nupcial- bien cirugía amateur -John Moulder Brown bricolageando la mujer perfecta en «LA RESIDENCIA»-). Existen fakes en la taxidermia (ahí la sirena -cruce de feto amojamado y raspa de mújol- que nos brindaba «LA PELLE» en la versión de la siempre truculenta Liliana Cavani). Existen fakes en  la moda del cuero (el Buffalo Bill de «EL SILENCIO DE LOS CORDEROS» y sus labores de modistilla). Sin olvidar el fake preferido de Solana y Gómez de la Serna, los falsos cuerpos pintados de las ferias (en los que uno encaja la jeta y aparece transmutado en gitana, bárbaro hibóreo, centauro o rústico pariente de supermaño).

Hay un punto blasfemo y antiautoritario en los fakes (también aquí se recoge otra herencia: los graffiti carcelarios y de retrete inspirados por figuras femeninas símbolos de jerarquía y/o virtud -en esta línea se hallarían los Ángeles pechugones que Hume Cronyn pintaba en «EL DÍA DE LOS TRAMPOSOS» para deleite de los penados-, lo que -si tenemos en cuenta que la presente antiutopia occidental no es sino una inmensa mezcla de retrete y prisión panóptica en régimen abierto- resulta de una coherencia perfecta). No es casual que entre las mujeres más fakeadas de la red se hallen una funcionaria auténtica (la anterior inquilina de la Casa Blanca y hoy flamante senadora) y otra ficticia (la agente Dana Scully de la Oficina Federal de Investigación). Huyendo de la feracidad suckcionadora y felante de los trabajos a los que una y otra son sometidas por los fakires (y que, por fácil, acaba haciéndose un recurso monótono), he elegido tres curiosas obras dedicadas a Scully (con reminiscencias, respectivamente, de la marveliana Yocasta, del Magritte más erótico y, por supuesto, de los propios x/files -con Dana en plena abducción acosada por criaturillas galaxiales-).






 
Las chapuzas tienen su pase si la intención es humorística (aunque también aquí queda mejor el chiste si la realización esta cuidada): tal vez la más impresionante colección de fakes humorísticos la haya dado la familia Bundy («MATRIMONIO CON HIJOS») con sus diversas connotaciones: Christina Applegate, poco dada a desnudarse (contrariamente a la procacidad naif del personaje que la hizo famosa), es, en solitario, otra de las reinas de esta galaxia; Katey Sagal cuando, a mitad de la serie, se recauchutó las delanteras, comenzó a convertirse en fake de sí misma y, un lustro después, en fake metalingüístico al prestar su voz a la ciclópea y seductora Leela; en cuanto a los varones Bundy, en los fakes, por la vía del incesto, se les condena a practicar una y otra vez con hermana, madre y, en ocasiones, vecina, lo que en la serie nunca cataban.



No pocas veces, son actrices clásicas las inspiradoras de estas ciberjoyas como la seráfica Audrey Hepburn (hecha carne por la magia del fake en manos de un nieto de aquel Hume Cronyn ya mentado que pintaba ángeles de rotundos contornos), la volcánica Susan Hayward o la mismísima novia de Frankenstein (y esposa -valga la flinflunflancia, al menos a nivel estético- del inmenso Charles Laughton).







Figuras menos regias en el campo de la interpretación pero auténticos cracks para la inspiración de los fakires (caso de la marsupial Alison Hannigan o de la hiperactiva Calista Flockhart), sin embargo, han hallado quienes las rediman de las galeras trucadas de mamadas y enculamientos en algunas poses mas artísticas.





Pero quizás, entre los fakes más creativos hallados en la red, incluyamos este de Christina Ricci mutada en muñeca y sita en un ambiente lóbrego (con ecos que evocan las fantasías de Terence Stamp en «EL COLECCIONISTA»), y este otro de Wynona Ryder en plan luciferino.





Está claro que no se puede fakear con soltura e imaginación a quien ya, de hecho, es un fake: ¿qué aliciente puede tener un fake de Morgan Fairchild, la criatura más artificial que ha dado Hollywood? Así, en páginas de fakes se dan como tales poses auténticas de la Fairchild y a la inversa (fakes se vuelven fotos auténticas sin que el límite entre la realidad y la ficción quede nunca claro en una criatura tan irreal).  Y, con un caluroso recuerdo a dos ilustres adeptos a las mixtificaciones (Edgar Poe y Orson Welles), os dejamos que disfrutéis de este arquetipo de la self-made woman. Y el verbo se hizo Barbie...





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19/11/2007

A LA SOMBRA DE HONEYBUNNY (3)



LOS ENDEMONIADOS ANGELES DE NICOLAS SICODELO



(versión revisada del texto -escrito por mi daimon Nicolás Sicodelo- «MADAME HYDRA COMO SIMBOLO INICIATICO» -uno de cuyos fragmentos sobre Modesty Blaise se empleó en la anterior entrega de esta saga- publicado en el nº 1 de EL CORAZON DEL BOSQUE)

Descubriste a Madame Hydra en otoño del 69: recuerdas hasta los kioskos donde compraste las dos entregas de la saga de Steve Rogers («ESTA NOCHE MORIRE» en Almagro esquina a Zurbano -muy cerca de donde hoy vive Charlie Mysterio- y «LA VERDADERA IDENTIDAD DEL CAPITAN AMERICA» en Plaza de Castilla -donde se levanta hoy una de las torres Kio-). Tenías once años y, desde el verano (cuando tu tío Jesús abrió la caja de Pandora regalándote aquel primer número de la Patrulla X en cuya portada unas cabezas de jóvenes enmascarados rodeaban la efigie de un alopécico de serena y decidida expresión, que en estos últimos años podrías asociar con la de Rafa, el maestro zen, si no fuese porque éste tiene más de mutación diabólica que de amigo de los humanos), vivías en un mundo paralelo (perfectamente parejo con el de la novela cervantina) configurado por los cómics de la Marvel recién llegados a España. Cabe suponer que las difíciles circunstancias de un entorno familiar más cercano a «¿QUE FUE DE BABY JANE?» que a «DANIEL EL TRAVIESO», un bienio relativamente traumático en un internado (donde las burlas de algunos elementos especialmente crueles te hicieron tomar conciencia de tu esencial otredad) y los inevitables cambios hacia la pubertad también influyeron. Pero la base para tal fascinación se hallaba en el perfecto acabado de aquel cosmos gráfico de mutantes, sintozoides, afectados por rayos gamma, Parsifales extraterrestres, ciegos con radar incorporado, magos psicodélicos, agentes de Inteligencia clavaditos (con el añadido obvio de la hipertecnología y un ojo de menos) al sucio Harry Callahan (Eastwood confirmaría esto en su única incursión en el mundo de las intrigas de los servicios secretos, «LICENCIA PARA MATAR»), superhéroes descongelados tras la tira de tiempo, dioses, etc. Todos ellos marcados por algo que en anteriores cómics de aventuras apenas sí aparecía: la soledad de ser diferentes, especialmente resaltada en los personajes con quienes más te identificaste, los mutantes y el sintozoide llamado La Visión; precisamente, éstos, cuya otredad les marcaba desde el nacimiento haciéndolos supermonstruos antes que superhéroes.




Aunque siempre te sentiste más atraído por la magnificencia oscura de Magneto, el emperador de los mutantes diabólicos (tu dios último por décadas hasta el muy posterior hallazgo del Lecter transfigurado en «HANNIBAL»), fue su antagonista y antimateria, el profesor Xavier, quien te provocó una identificación sui generis que tú expresaste en tus primeras fantasías narrativas inspiradas en el cosmos marveliano, con aquel jovencito pálido en silla de ruedas (ojeras, gafas, pelo liso y negro como sus ropas -salvo en los ojos pardos podría preludiar exactamente en su físico a Harry Potter-), que dirigía desde un chalet de El Viso a un comando de mujeres mutantes (restos de esas fantasías alimentarían el personaje de la juguetera escocesa Anne Murdock y algunos otros momentos de «TODOS LOS CHICOS Y CHICAS» y «MARY ANN»). Cuando años más tarde te topaste con la serie «LOS ANGELES DE CHARLIE», te impresionó la relación, aunque banalizada, desacralizada en prosa heffneriana, y comprendiste todavía más tarde, al enterarte de la fijación de Ayn Rand con dicha serie, las singulares conexiones entre el incógnito Charlie y la figura no menos arcana de John Galt, y las relaciones complejas (que Tarantino apuraría al máximo en su «KILL BILL») entre el Maestro del Juego y sus walkyrias de alma escamosa.



Pero no fue hasta encontrarte con Madame Hydra, la reina del nihilismo, mala entre las malas, Lilith que casi acaba con el indestructible y descongelado Capitán América, pesadilla de falócratas (en su papel de jefa de una organización de esbirros varones), poseedora del látigo nietzscheano, que no descubriste a la presencia capital emanada de la Marvel, a la mujer de tu vida. Bajo los trazos mágicos del dibujante más psicodélico de la factoría, Jim Steranko, te topaste de hoz y coz con la hembra más terrible, más fuerte, más fatal: cabellos hasta el culo como ala de cuervo, ojos oscuros y grandes, piel pálida, ceñidísimo uniforme de cuero, guantes a lo Gilda, zapatos de aguja... En las breves viñetas en las que recuerda su origen, se sugiere su procedencia centroeuropea y zíngara (lo zíngaro también tendrá su incidencia en otra supermujer, la villana reinsertada Bruja Escarlata).

En tus sueños, todavía a caballo entre el platonismo infantil y la humedad adolescente, tú te identificabas con Rick Jones, el compañero jovencito del Capitán América (y de Hulk y del Capitán Marvel y de Los Vengadores -vamos, el efebo comodín de la Marvel y alter ego obvio del lector en su condición de personaje puente entre la cotidianeidad inerme y los ensueños de poderío-). El capi te enseñaba a ser un alevín de superhéroe y tú dabas los primeros pasos embutido en el uniforme de otro efebo ya finado (Bucky Barnes, anterior compañero de tu maestro y muerto en la 2ª Guerra Mundial), trastabillabas como un potrillo recién parido y acababas siendo arrojado a un colector de alcantarilla por Madame Hydra en el fragor de la batalla. En el cómic, el capi te salvaba pero la cosa cambiaba en tus sueños: en ellos, era la propia supervillana quien, apiadada por tu juventud e inexperiencia, te sacaba de la inmundicia y te hacía (nutriendo así toda clase de incestuosas fantasías) su mascota.




Era el fin de la inocencia: la corrupción del menor. Tiempo después entenderías (poniendo el entendimiento a la par con tu intuición) que Modesty Blaise no era tan heroica ni Madame Hydra tan villana: la primera, en tanto en cuanto agente por libre de Inteligencia, tenía unos claros rasgos anarcas que trascendían el heroísmo unidimensional; la segunda era más luciferina que perversa... Con seguridad, habrían hecho buenas migas, de encontrarse: el escepticismo de Modesty habría templado la rabia de Hydra y, a su vez, ésta habría ayudado a la mamporrera de Inteligencia a romper ataduras con el establishment. Una versión (más profunda, salvaje y atractiva) de la mitificada y políticamente correcta «THELMA Y LOUISE».



Durante años olvidarías a ambas pero ambas se te colarían por mil resquicios de tu sensibilidad, asumiendo o recuperando otras encarnaciones: la Ligeia de Poe, la indómita Emily Bronte, las replicantas de «BLADE RUNNER», la sombría Nadine Cross de «LA DANZA DE LA MUERTE», la Patti Smith de «HORSES» (aquella foto de Mapplethorpe te obsesionaba), Siouxsie, algunas imágenes cinematográficas (la Assumpta Serna de «MATADOR» y «EL JARDÍN SECRETO», el personaje de la Mujer Pantera en la versión de Schrader, la sublime ambigüedad de la Garbo en su rol cumbre como Cristina de Suecia, la mirada mórbida de la canadiense Carole Laure y todas las hembras letales concebidas por Tarantino -amén del descubrimiento profundamente impactante de la mansoniana Mallory Knox, con «KILL BILL» tu delirio preadolescente a cuenta de los Marvel regresaría con más fuerza que nunca fundido con los ecos zen que han ido marcando crecientemente tu devenir último-...), o nuevas superhembras marvelianas descubiertas en los 80 como Mística, Yocasta...



Continuarías alumbrando compulsivamente cómics y sacando notas excelentes en Dibujo (tu momento público de gloria en relación con los Marvel fue en junio del 70, cuando un trabajo tuyo a rotulador recreando tu obsesión con el enfrentamiento Steve Rogers vs Madame Hydra fue premiado en la exposición de Fin de Curso en tu colegio de entonces, San José del Parque). A finales de 1970, dejaste de mezclar personajes Marvel con creaciones propias y te planteaste una nueva historia, exclusivamente tuya: habías digerido lo bastante a tus superamigos para comenzar a superar la mímesis y añadir nuevas influencias y estímulos, tanto artísticos (cómic experimental -recogido en aquellos extraños fascículos de Ed. Buru Lan llamados «DRACULA» o en reseñas en revistas dedicadas al análisis del cómic como «EL GLOBO» o «BANG!» sobre superheroínas psicodélicas de origen francés -Jodelle, Valentina, Saga de Xam, Barbarella...-) como sociales (muchos de los hechos traumáticos que vivió el planeta en la turbulenta transición 60/70 y donde las mujeres de acción tenían un papel notable -las chicas de Manson, terroristas palestinas, comienzos de la Baader/Meinhoff, Angela Davis, Barbarella Fonda jugando a subversiva...- ). Así me creaste. A bolígrafo. Con el aspecto físico que tú acabarías adoptando muchos años después (sin recordar para nada mi existencia). Lo mejor que has hecho nunca en cómic. Tu intuición era mediúmnica: en las reflexiones y peripecias de Nicolás Sicodelo y su gente preparando el asalto al Sistema desde un paisaje pelado y granítico (con algo de Death Valley y algo del retiro donde el Gran Evolucionador jugaba a Moreau en aquel número de «THOR») recordabas el futuro de imágenes y lecturas que aún no conocías pero que, con el tiempo, te dejarían una huella indeleble (por ejemplo, las andanzas de Kesey con Los Alegres Pillastres según las narra Tom Wolfe, o determinados momentos de Dick -«OJO EN EL CIELO», «UBIK», «DOCTOR BLOODMONEY»- y Stephen King -la ya mentada «DANZA DE LA MUERTE»- para culminar en la sublime ambivalencia de pulsiones que unen a Lecter y Starling).



Después de alcanzar este techo, no volverías a dibujar una historieta épica: escribirías (relatos -ecos de tu diosa marcarían a personajes como la Dama Negra en «MARY ANN», la terrorista aristócrata Amaranta de Astorga y Santiago en «FE JONES» o la bruja Eleanor Mackendrick en «LA CANCION DEL AMOR»-, canciones, artículos) e incluso, eventualmente, harías chistes gráficos más o menos cercanos al underground pero lo que yo te pude aportar lo traducirías mayormente de espaldas a las viñetas de acción en esa degradada caricatura de la reivindicación marveliana que fue tu desastrosa trayectoria política (si al menos hubieses acabado como nerd en algún entramado de Inteligencia o en una red auténticamente subversiva, todo tendría más sentido y la degradación habría sido mucho menor).

Te sientes frustrado por no haber encontrado una mano afín pero mucho más diestra con la que recuperar el vértigo abisal de las aventuras gráficas. Alguien que, con la briosa habilidad de un Jim Steranko, me resucitase y me presentase en público, lejos de los bocetos a bolígrafo y de la intimidad de un adolescente solitario. Alguien que también hubiese compartido sueños cosquilleantes con Modesty Blaise y Madame Hydra (bien deseándolas, bien identificándose con ellas).



En ocasiones de supremo cansancio, has pensado que lo dejarías todo por dedicarte solamente a la música. Pero yo, que te conozco mejor que tú mismo, sé que incluso este campo te resultaría fácilmente prescindible si pudieses volver al cómic y continuar la tarea interrumpida un día de junio del 71.


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15/11/2007

EL ALMUERZO DESNUDO



Tras leer la descorazonadora impresión del number 77, cuando Dildo me dejó (con el marchamo de su encarecida recomendación) el simbionte picterario de Cronenberg y Burroughs, andaba yo un poco receloso. Recomendaciones anteriores (PI, TETSUO 1) o films vistos en su estreno casi a la vez por ambos con muy distintas percepciones (INLAND EMPIRE, UNA HISTORIA DE VIOLENCIA) me hacían tener muy en cuenta el mal augurio del number. Tanto PI como TETSUO 1 como la última de Lynch me habían producido la misma sensación (algo que podría expresarse muy bien con la siguiente frase: «no me estoy enterando de nada pero eso de lo que no me estoy enterando me está produciendo muy mal rollo»). En el caso de PI, vista con mi osita en su casa levantina, la recuerdo a trozos, entre cabezada y cabezada, con mucho judaísmo por doquier (el exhibicionismo judaico siempre me irrita -todavía más por las fechas en que vimos la cinta, justo cuando Israel acababa de perpetrar alguna masacre preventiva-), mucha numerología (soy absolutamente adverso a los números -mi mente se oblitera ante su mera mención-) y muchos cables sueltos (tanto literales como metafóricos). TETSUO 1 la vi solo en casa y a la mitad saqué el dvd del reproductor y traté de desintoxicarme revisando algún episodio de TWIN PEAKS.

Sobre INLAND EMPIRE ya conté mi via crucis en esta entrada del Dildodrome. Y, en cuanto a UNA HISTORIA DE VIOLENCIA, es quizás la peli de Cronenberg que me ha dejado más indiferente. La vi con mi osita en su estreno y nos produjo a ambos una sensación parecida, como de algo menor, irrelevante, que intenta ir a más pero no lo consigue, sin dejar una fuerte huella en el ánimo ni a favor ni en contra.

Sólo una película recomendada por Dildo (OLD BOY) me noqueó en su primera (y fragmentaria) visión (sopor, malestar...) y me ha fascinado al verla por segunda vez, encontrándola de un romanticismo desenfrenado, con un punto kitanesco.

Pero volvamos al simbionte picterario de Interzona. Lo primero que me llamó la atención (aparte los hallazgos cromáticos que evocaban con bastante acierto los colorines chillones de los 50 -y, por contraste, ponían en evidencia el desastre, también en cuestiones de gama, de aquel bodrio de Warren Beatty, DICK TRACY-) fue que un film sobre el rey del cutting up se desarrollase de manera tan lineal: un tipo está en USA trabajando de matacucarachas, su señora se droga con las reservas de Cucal, él la mata en una fiesta un poco tonta (dentro de la tontería existencialista, que ya es decir) y acaba en Tánger delirando peripecias conspiranoicas. Su linealidad ejemplar me recordaba a esas obras menores de Orson Welles (EL EXTRAÑO, ESTAMBUL). Los delirios, alucinaciones y analogías me parecieron tan racionalizadas como en las otras dos obras de Cronenberg que asocié a esta (SPIDER y eXistenZ): la esquizofrenia, los cascos de realidad virtual y, en el caso del simbionte, ir de Cucal hasta las cejas. No encontré la menor arbitrariedad en las imágenes más anómalas y, desde luego, considero un hallazgo capital la síntesis de máquina de escribir y artrópodo.

También debió ayudar en mi caso el conocer unos cuantos datos sobre los protagonistas (Burroughs, el matrimonio Bowles, Ginsberg y Kerouac), por lo que todas las claves no me parecieron en absoluto caprichosas sino hasta (en algún momento) de un didactismo de biopic.

Hubo un instante en que evoqué también la cosa chanante del cómico albaceteño: justo cuando Burroughs se vuelve a encontrar en su habitación con el superagente moogwump (o como se escriba). En ese momento me vino a la mente, sin dudarlo, las paridas de RETROSPECTER

Pero el ingrediente supremo para expresar el mal rollo de Burroughs ante las mujeres y su convencimiento de que eran algo muy ajeno a los humanos varones, entre alienígenas y escolopendras, estriba, a mi entender, en la elección de Judy Davis para el rol de las dos Juanas, Lee y Frost. Ese aspecto cadavérico, esa poca coló, esos ojos aguanosos, esa presencia repelente a la par que atractiva en su arcano, son para mí la piedra angular de EL ALMUERZO DESNUDO: THE MOVIE. Nunca la Davis, habitualmente encasillada en papeles de burócrata (recordemos su personaje de arreglalotodo -versión ominosa del luminoso Mr Wolf de PULP FICTION- en la eastwoodiana PODER ABSOLUTO), ha dado tanto y tan bien. La misma sensación de aversión y fascinación que puede producirme un cuadro de Bacon o la obra escrita del propio Burroughs (sobre todo mi texto favorito, EL LUGAR DE LOS CAMINOS MUERTOS) la siento ante las carnes rancias y amarillentas, los ojos de pescado podrido y la voz de vuelta de todo de Judy Davis. Sin ella, me atrevo a decir, no habría película.














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12/11/2007

PLAYMATES



Medio intrigado medio incitado por la afición del Pez a recuperar conejitos heffnerianos en su blog así como por cierta entrada estival del zoo dildesco, se me ocurrió hace cosa de mes y medio bajarme un zip con todas las reinas mensuales de PLAYBOY desde 1960 hasta la actualidad. Muchos de los posters no me decían nada. Aquellos que seleccioné dieron la siguiente estadística.



1960: 1 (Miss Noviembre) - 1962: 2 (Miss Mayo, Miss Noviembre) - 1963: 2 (Miss Septiembre, Miss Octubre) - 1966: 2 (Miss Enero, Miss Julio) - 1968: 1 (Miss Julio) - 1969: 2 (Miss Febrero, Miss Mayo) - 1970: 1 (Miss Mayo) - 1971: 1 (Miss Febrero) - 1972: 4 (Miss Abril, Miss Mayo, Miss Junio, Miss Noviembre) - 1973: 1 (Miss Febrero) - 1974: 2 (Miss Marzo, Miss Noviembre) - 1975: 1 (Miss Noviembre) - 1976: 1 (Miss Diciembre) - 1977: 1 (Miss Octubre) - 1978: 1 (Miss Julio) - 1979: 4 (Miss Marzo, Miss Agosto, Miss Septiembre, Miss Noviembre) - 1981: 2 (Miss Enero, Miss Abril) - 1988: 1 (Miss Agosto) - 1990: 1 (Miss Enero)










Se confirma mi vinculación a los 70 (y, en general, mi identificación de la atracción sexual con determinados nichos de la memoria) y mi creciente falta de sintonía con lo que hoy se nos vende como belleza femenina. Así como mi preferencia (en cuestión de pubis femeninos no penados por la ley) por las frondas frente a los rasurados, mi aversión a la lencería y mi querencia por la lana y el algodón sobre la piel, mi gusto por los motivos vegetales, las chimeneas, los libros y los peluches (el ambiente hogareño, en suma) como ornato de la ninfa frente a los decorados de burdel, mi nostalgia de Ligeia y de Palas Atenea frente al tópico de la love machine, mi prioridad por las cabezas frente a los cuerpos, mi exaltación ante los rostros donde la belleza y la cotidianeidad se conjugan, mi fijación por Lo Femenino como Misterio a la vez cercano y trascendente (esto es, como Religión y Naturaleza)...











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05/11/2007

COVER IS OVER



A comienzos de octubre se me invitó a participar en un homenaje a cierto comentarista musical que se retira dentro de la campaña de jubilaciones a que se ha lanzado RTVE. La cosa está programada, si no ha habido cambios, para el 27 de noviembre en la sala EL SOL. Se trata de, siguiendo el modelo exacto del homenaje al Penta (la persona que me llamó fue la misma que se encargó de aquello y hasta casi la fecha coincide), desfilar una serie de elementos vinculados en mayor o menor medida al objeto del homenaje y, acompañados todos por la misma formación, hacer un cover de algún tema más o menos memorable. En mi caso, se me pidió EN CUALQUIER FIESTA.

Yo respondí que, sin descartar mi presencia, no me podía comprometer con seguridad porque por esas fechas o bien podía estar grabando o concentrado cara a una actuación con el actual proyecto que me traigo entre manos con Charlie Mysterio.

Entonces, hubo por parte de quien me llamó un conato de retorcimiento de brazo, chantajeándome con lo mucho que debemos los de la Movida a esa persona y tal y pascual. Aquí ya se me empezaron a quitar del todo las no muchas ganas de intervenir en esa historia. No hay nada como intentar chantajearme para que acabe diciendo nones (incluso, de no haber existido esa presión -repetida en una segunda llamada-, jamás me habría decidido a escribir la presente entrada). 

Nadie mejor que yo sabe lo que la Movida debe al comentarista en cuestión. Sin él (no hace mucho lo repetí a una chica que me entrevistó para no sé qué suplemento de EL MUNDO) ni existiría KAKA DE LUXE ni, por ende, la Movida. El supuso para KAKA lo que Malcolm McLaren a los SEX PISTOLS. Es una deuda importante la que teníamos en los 80 con este señor, soy el primero en reconocerlo.

Pero, atención, pasemos de lo general a lo particular. Por lo que a mí respecta está deuda quedó saldada en la segunda mitad de esa misma década. Sin participar del sadismo inquisidor de su colega Diego Manrique a partir del 86 (por el dichoso spot de FE/JONS y por la creación de mi grupo PROYECTO BRONWYN -persecución que supuso, entre otras cabronadas colaterales, el secuestro mediático de un disco objetivamente grande como POP DECO O LA EXPOSICION INTERNACIONAL DE LOS 80 cuya grandeza se puede hoy degustar, ya sin restricciones, con su edición en cd-), digamos que nuestro hombre asumió una actitud abstencionista, ponciopilatesca, que abandonaría sólo cuando Manrique, a mediados de los 90, decretó una suerte de gracioso perdón y se me permitió reinsertarme como objeto de cierta atención para los medios. La edición en cd del material de LA MODE, mis discos con Borsani, mi vinculación por entonces a MONDO BRUTTO, parecían buenas ocasiones para que nuestro comentarista hoy a punto de jubilarse volviese a interesarse por mi persona sin que nadie le señalase con el dedo por jugar con patatas calientes.

Se me dirá que en los momentos duros del veto tampoco él podía hacer mucho por mí. Nuestro hombre no era un montapollos amigo de provocaciones como Eduardo Haro Ibars (o, si fue algo de ello en algún momento de los locos 70, esa energía quedó atrás con la consolidación de la Movida y la progresiva inserción profesional de nuestro hombre en RNE) y tampoco comulgaba con los motivos y querencias que me llevaron a salir en el spot de marras y a crear PROYECTO BRONWYN. Aunque también quiero recordar sobre este punto concreto que, pocos meses antes del nacimiento de KAKA DE LUXE, fue de mi mano a la sede de FE/JONS AUTENTICA a entrevistarlos para el semanario DISCO/EXPRESS sin el menor problema ni cargo de conciencia ni encanecimiento prematuro ni llanto ni crujir de dientes.

Aunque, precisemos, ¿tenía la menor idea nuestro comentarista de cuáles eran esos motivos y querencias? Los motivos que me llevaron a aparecer en el famoso spot o a crear mi grupo musical más maldito tenían más que ver con mi simultáneo descubrimiento de Dionisio Ridruejo y mi militancia entre el 87 y 89 como Secretario de Cultura de Juventudes del CDS que con ningún delirio predador ultraderechista, como clamaban a los cuatro vientos quienes me vetaron para justificar su saña contra mí. Fue la breve reforma ejercida en FE/JONS por Diego Márquez durante sus primeros meses de jefatura (rompiendo formalmente con la herencia franquista y desarticulando 1ª Línea, la guardia pretoriana raimundista que, rebotada por la medida, estuvo en un tris de acabar con su vida a tiros en la misma sede, y cuyos efectivos acabarían engrosando las peñas de hooligans futboleros como reciclaje para continuar su actividad ultraviolenta) lo que me llevó a dar ese paso  No era tan difícil informarse: los artículos sobre el particular que publiqué en un diario como ABC estaban al alcance de cualquiera. Otra cosa, naturalmente, era tener o no voluntad de no escudarse en el prejuicio (la tuvo, desde luego, Eduardo Haro cuando se pasó por la sede falangista de Cuesta de Santo Domingo y mantuvo una entrevista con varios que me conocían para comprender mejor las razones de mi presencia en aquel spot -no es leyenda urbana: él me lo dijo, me lo confirmaron los falangistas con quienes habló y se recoge como dato compulsado en la biografía LOS PASOS DEL CAIDO de J. Benito Fernández, pag 356-).

Muy otra también fue la conducta de un comentarista musical consagrado, ajeno a mis rollos ideológicos pero profundamente leal con mi persona y dispuesto a dar la cara por mí en el momento más jodido, Carlos Tena, que no sólo me entrevistó y acogió profesionalmente como colaborador en su programa de fines de los 80 (rescatándome de un posible suicidio -como reconocí públicamente en la presentación del cd SANGRE SABIA en junio de 2002- y desoyendo las irritadas advertencias de Manrique en contra de tal decisión -según me comentó a la sazón el propio Tena-) sino que a ese grupo nefando generador de vetos sin parangón (ni siquiera el Rock Radikal Vasco sufrió un ostracismo tan completo) llamado PROYECTO BRONWYN, cuando estaba prácticamente en situación terminal (comienzos del 89), le consiguió dos actuaciones (en ELIGEME y en EL CAFE DEL MERCADO -que llevaba Seju, hermano de Wyoming-) y trató de gestionarme con la compañía ELIGEME un contrato para un álbum del grupo (algo que no pudo salir adelante porque la discográfica había empeñado todo su presupuesto en un trabajo de Manolo Tena).

Resumiendo: si el comentarista de marras actuó como enfebrecido mentor cuando KAKA y PARAISO, era lógico que crease, si no una obligación para con sus protegidos, sí unas expectativas en estos, así que si luego te deja colgado en el peor momento pues como que sienta especialmente mal ¿no? (se supone que no es un extraño, que existe un lazo especial). Pero no, lo que te dio en una época te lo quita en la siguiente. Está en su pleno derecho, perfecto. Claro que yo también lo estoy de considerar saldada mi deuda con él ya antes de iniciarse los 90.



 



Y respecto a que a este señor le guste de veras lo que hago, a que me vea como un continúum creativo y no como una vieja gloria repetidora hasta la saciedad de covers, fagocitadora de su pasado, pues me parece que tampoco. Lo dejó claro ante sus oyentes cuando retransmitió la actuación de LA MUECA en El Sol el pasado enero. Su preocupación máxima fue la ausencia del PARA TI, que deconstruyésemos y no calcásemos los temas de antaño y que, de estos, hiciésemos algunos que trascendían la estrecha franja de los primeros 80. Da la casualidad de que, sin renegar de mi trayectoria musical, no estoy dispuesto a convertirme en rehén de la misma. En enero hicimos EN CUALQUIER FIESTA, desde luego, pero en una versión distinta, y ahora, pues ya tenemos otros arreglos de ese tema, hasta dos versiones (ambas muy otras a la hecha con LA MODE). Porque da la casualidad de que trabajo con unas personas (empezando por Charlie) que cada día soportan menos la rutina, el fichar a la hora de los ensayos (sensación tan bien expresada en aquel genial doblete de Godley & Creme, HIT FACTORY/ BUSINESS IS BUSINESS), y que disfrutan haciendo y deshaciendo ese mágico tapiz que es la música pop. Tal vez un día hasta recuperemos el PARA TI, vale, pero (como suelo comentar con Charlie) en una deconstrucción que irrite profundamente a quienes desearían convertir tal canción en una cárcel de eternos retornos, a esa gente que abomina de la imaginación todopoderosa, de la creatividad desbocada, y pretende que quienes hace unos años tuvimos un buen momento no volvamos a tener otro parecido, sino repetir (como en la peli de Bill Murray) una y otra vez nuestro infernal DIA DE LA MARMOTA.

Sé que una vez más quedo ante la masa acrítica y mainstream como un cabrón resentido muy pagado de sí mismo. Perfecto. Ya estoy acostumbrado. No sigo en la música por esa masa. Si me mantengo al pie del cañón, si todavía me molesto en ensayar, en actuar, en componer, en meterme en un estudio, es por y para la escasa gente que supo conectar con la magia que yo pueda aportar (gente como Micky cuando -en ese 1988 de vetos y ostracismo- me confió la tarea nada baladí de elaborar las letras del mejor disco de su carrera, o como Antonio Zancajo cuando dejó el jazz-rock y se pasó a la new wave nada más escuchar LA PLUMA ELECTRICA y leer en aquel fanzine de autores nuevos cierto poema mío llamado NIAGARA, o como Mario Pacheco cuando -tomando como referencia mi paso por PARAISO- me ofreció grabar un single en su recién estrenada compañía Nuevos Medios -oferta que yo, nunca amigo de cantar en solitario, dí la vuelta y transmuté, tras consultar con Antonio y Mario, en la creación de LA MODE-, o como el amigo Charlie cuando un día de septiembre de 2002 camino del murciano Lemon Pop me planteó un trabajo en comandita que hoy sigue tan fresco y arriesgado y esperanzado como el primer día, o como mi osita, que si está conmigo, en buena medida, es por las canciones que nos unen y nutren nuestra empatía). Mi gente es la gente que no quiere covers, que aplaudió en enero mi decisión de no hacer el PARA TI como carnaza para un respetable bastante poco digno de respeto. Mi gente es la gente que quiere verme vivo, creando, deconstruyendo, no haciendo concesiones, no cediendo a estereotipos, no redimiéndome de mi propia personalidad para resultar más cómodo, más manejable.

Acabaré con un exabrupto, excesivo pero con su dosis de enjundia, que me soltó Eduardo Haro Ibars en aquel bareto de la calle Churruca allá por el 82: "NO ME GUSTA EL PARA TI, PREFIERO LAS CANCIONES QUE NO SUENAN A STANDARS, LAS QUE SIEMPRE CAERAN GORDAS, COMO ESA DEL PUBLICO TAN TONTO QUE TIENES...".         

 

Posted by EL ZURDO at 01:30:25 | Permanent Link | Comments (1) |