29/04/2007

MOIRA KELLY

Cuando inauguré mi travesía por Internet, allá por junio del 2000, este nombre fue lo primero que escribí en un buscador. Su belleza extraña, tan extraña, con un aura obsesionante de anómala fragilidad, entre autista y poseída por Otras Voces, siempre la asociaré con su debut en EL NIÑO QUE GRITO PUTA (esa figura sudorosa, convulsa, alucinada, siguiendo como un perrito al belígeno protagonista: nunca me pareció tan atractiva una institución psiquiátrica como con Moira dentro...).

Hay otros trabajos interesantes (AMOR, MENTIRAS Y ASESINATO –una de sus primeras apariciones, en una serie de estas basadas en hechos reales, de crímenes en familia y tal, donde hacía un papel muy similar, de adolescente traumada y como fuera de este mundo, al que ese mismo año bordaría en EL NIÑO QUE GRITO PUTA-, LA HISTORIA DE DOROTHY DAY –un biopic para tv sobre una activista social norteamericana con inquietudes religiosas que, en pleno enamoramiento de Simone Weil, me causó un impacto notable y me dejó claro cómo, si alguna vez se proyecta llevar a la pantalla la vida de la santa francesa, Moira, con su expresión arrebatada mitad locura mitad pureza, supondría la elección ideal-, LITTLE ODESSA –una especie de MALAS CALLES pero centrada en un ghetto de población eslava- y AMANECER –fábula antiutópica sobre las paranoias en torno al SIDA-) pero también unos cuantos que me producen ese desconcierto que siento siempre cuando me encuentro a una actriz que adoro en extremo en una película o serie que no me entusiasma: así, CHAPLIN (otro interminable tostón de Richard Attenborough, el artífice por antonomasia de tostones interminables –parece mentira que alguna vez dirigiese algo tan ominosamente ameno como MAGIK, primera incursión de Anthony Hopkins en la dimensión tenebrosa-), EL ALA OESTE (serie irregular y profundamente tramposa a mayor gloria de Bill Clinton, donde la moraleja viene a decir que si el responsable de bombardeos, torturas y masacres en países lejanos y rebeldes a la férula imperial es guapetón, con cierto aire kennedyano, del Partido Demócrata y pone cara de profunda meditación antes de dar su aquiescencia a una nueva barbaridad, la cosa es válida e irreprochable y no hace falta movilizar a Michael Moore ni a los histriones tongados de la prensa progresista) o FUEGO, CAMINA CONMIGO (la plúmbea y deslavazada secuela cinematográfica de TWINN PEAKS -donde, aparte de la presencia de la Kelly, lo único a destacar es la espléndida banda sonora, superior incluso a la de la serie televisiva-).

 

Ese rostro perpetuamente infantil, esos morritos insaciables de cariño, esos ojos chispeantes y angustiados a un tiempo, acompañaron mis primeros paseos por la red y, buscando, buscando, me fui percatando de cuántas de las presencias que me interesan son en buena medida ignoradas por el común de los mortales pero sumamente queridas por una selecta minoría. Sin duda, Moira Kelly es, en ese sentido, una figura de culto.

 

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26/04/2007

FLESH AND JEANS


Una de las combinaciones más sugerentes que se me ocurren para un cuerpo femenino es la siguiente: torso desnudo y unos jeans. El contraste de colores (la piel -nacarada o trigueña- flotando sobre el océano azul que ciñe la cintura) y el cocktail aromático (de carne, tela recia y perfumes yodados que emanan del jardín secreto), algo tan simple en su sacralidad que embellece solamente a las mujeres de femineidad profunda, personal e intransferible.

La tela vaquera, máximo signo de mi época favorita (los 70, aquel tiempo en que las putas se vestían de hippies, de acólitas mansonitas, de panteras simbionesas, y hacían dedo en las carreteras porque sólo vendiendo naturalidad, contestación soreliana, sentido del viaje -topográfico, psicotrópico...- y pilosidad agreste podían lograr que alguien las encontrara deseables: sólo en los 70 las putas eran obligadas por su clientela a reeducarse -al menos en atavío- bajo la férula guerrillera de Artemisa, bajo la varita intelectual de Atenea).

La bruja Persey, entre sus mil atuendos, no puede excluir los jeans, como buena hija de Lilith, la transgresora cuyo presente es eterno.

Otra hechicera, la pequeña Hermione, también luce y seduce con la prenda de los espíritus libres. Para volar fuera del nido del cuco no hace falta escoba, mejor unos jeans.

Acabaré con otro fake, uno de los más incitantes (en su extrema sencillez) con que me he topado. En él la dulce e inconformista Sara Gilbert, otra poseída por la femineidad irreductible de Artemisa, nos ofrece esta mezcla deliciosa de carne y prendas vaqueras. Hmm... ese ecuador al natural, haciendo afirmación de identidad, sin concesiones a la dictadura de la cosmética, a las repulidas fantasías del varón metrosexual. Porque bajo su ombligo, como un eco sinestésico de perfume y sonido, se nos antoja escuchar los cantos de guerra de Mao, retomados por Unabomber: "UN DIA LOS CAMPOS CONQUISTARAN LAS CIUDADES".

 

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24/04/2007

LAS CANCIONES DE MI VIDA (3)

 

CANÇÓ PER UNA BONA MORT

 

 

(intérprete original: María del Mar Bonet)

(letra y música: María del Mar Bonet)

 

Jo seré nígul qualque dia
i el vent em portarà a qualsevol lloc
jo seré terra un dia
i de mi naixerà el xiprè.
I per la finestra del jardí
l'heura entrarà a poc a poc
i abraçarà els meus vestits
i els omplirà de flors.
I els gats faran l'amor sota el meu llit
que jo dormiré el somni de la mort.
Reposaré damunt teixit d'aranyes
els cabells se m'esbullaran amb l'heura
i hi faran niu les cuques de llum,
els ocells sabran que és el seu lloc.
I dragons hi sortiran de nit,
per fi la pols s'arrossegarà als llibres
i vendrà a viure amb mi el mussol.
Jo seré nígul qualque dia,
i el vent em portarà a qualsevol lloc.

 

 

 

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22/04/2007

LEYENDO A GOTTFRIED BENN

 

 

 

He pasado por tantas formas,

por el yo, por el nosotros y por el tú,

pero todo quedó circunscrito

a la eterna pregunta del porqué.

 

 

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20/04/2007

LA SEÑORITA SIBILINA

La chacha Carmen me compraba los tebeos en un puesto del mercado de Olavide, entre un mostrador de sanguinolenta carne y otro de aromadas flores. En aquel tiempo descubrí a mi primer amor en viñetas, la señorita Sibilina. Esbelta, de egipcio perfil, melenón azabache y piel vampíricamente nívea, continuando el grand guignol de la jardielesca familia Briones ("ELOISA ESTA DEBAJO DE UN ALMENDRO") con que había iniciado mi destete literario y anticipando a mi adorada Ligeia. También, mucho después, creí reencontrar a la altiva pitonisa cuando descubrí a Madame Hydra (mi diosa negra de la preadolescencia) y, aún más tarde, a la Morticia Addams que encarnó Anjelica Huston.

Frente a las pizpiretas jovencitas que dibujaban Segura y Cifré (trasuntos en papel de las alocadas presencias que en la pantalla encarnaban a la sazón Mercedes Alonso, Elena Mª Tejeiro, Mabel Karr, Laurita Valenzuela o Katia Loritz), yo me quedaba con Sibilina y su mundo anómalo, más cercano a las esperpénticas oscuridades codornicescas o al absurdo macabro de Jardiel y Mihura que a la luminosa resignación neorrealista de la incipiente Escuela Bruguera. Me daba pena que aquella criatura digna de Poe tuviese que vivir, no en el castillo transilvánico/hollywoodiense que su carisma se merecía, sino en la cochambrosa y castiza pensión de Doña Tomasa. El dibujante Escobar crearía también algo más tarde un digno partner de Sibilina (aunque nunca, que yo sepa, llegaron a coincidir en una historieta) en la figura del profesor Tenebro, entre chupasangre y sacamantecas, con un punto en su rostro a Manolo Gómez Bur (un Gómez Bur más espiritado y plasmatorio).

Si deseáis saber más de este personaje y de su mundo hoy arrumbado, aquí os dejo un link.

 

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18/04/2007

LA BURLA DE LOS DIOSES

Mis impulsos sentimentales nunca se sintieron tan en sintonía como en la segunda mitad de los 70, al coincidir en buena parte con lo que veía, leía, escuchaba y se consideraba a la sazón recomendable desde los focos de vanguardia. Una visión del amor en su sentido más concreto, íntimo y cotidiano, aunando caricias y convivencias, humores físicos y psicológicos, con el rechazo a los límites de número y/o género, a los apriorismos y estereotipos, al regodeo en la noción de diferencia, cuando amar se concebía como un juego abierto, como una aventura, como una exploración, más esquizoide que paranoide (si nos ponemos deleuzianos), como un safari cuya pieza más codiciada era el autoconocimiento a partir de los otros. Un autoconocimiento donde el Yo podía desarrollarse plenamente derritiendo sus gelideces al calor de la palabra "común" y no encastillando sus aristas en torno a la palabra "cocoon".

La emoción especial que hallé en aquel tiempo al leer sobre los Alegres Pillastres de Ken Kesey o sobre los momentos más dionisíacos de la Factory warholiana, al escuchar los himnos pansexuales de Patti Smith o las misas ungidas de humores íntimos que oficiaba Jim Morrison, al contemplar las imágenes liberadoramente ambiguas que me deparaban films como "TEOREMA", "THE ROCKY HORROR PICTURE SHOW", "CONFIDENCIAS", "PERFORMANCE", "ARREBATO", o al tratar en aquel umbral de décadas a la antipareja Eduardo Haro Ibars-Blanca Uría, una emoción que después ya sólo encontraría, muy de tarde en tarde y en contados destellos (abocados ahora a la más completa catástrofe -los valores habían cambiado: lo que en los 70 se consideraba desde el ensueño utopista ahora se veía como nihilista cul de sac, como irresoluble tragedia para uso agónico de desplazados-), en rarezas como "INSEPARABLES", "JUEGO DE LAGRIMAS", "CRASH", "VELVET GOLDMINE"...

Toda aquella aspiración pansexual, comunal, abierta, se iba obliterando a mi alrededor y el amor, como cualquier otro rasgo de los nuevos tiempos, se transformaba, privatizaba, cocoonizaba, cerrándose en categorías cada vez más definidas: ya no había vasos comunicantes sino compartimentos estancos, ya no había gente a la que amar sin discriminación sino casilleros en los que encajar (casilleros hetero, casilleros gays, casilleros lésbicos, todos afirmándose en los estereotipos más previsibles -esos mismos estereotipos que en los 70 se habrían rechazado como actitudes retrógradas y alienantes-). Y quien, como yo, no entraba en ningún casillero iba dando topetazos cual bola de pinball contra frustrantes y fugaces abortos de relación plenos de malentendidos, refugiándose de manera casi irreversible en una agridulce soledad fantasiosa (que, aparte de los humores previsibles, se derramaba en canciones, cuentos, poemas, evocaciones de sesgo sentimental...).

De pronto, al mediar el 2003, los dioses, siempre traviesos, me depararon casi al tiempo dos presencias profundamente diversas pero igualmente atractivas a los ojos de mi corazón, ¿mimbres acaso para que yo realizara finalmente mi anhelo de antipareja, mi visión nunca satisfecha del amor consumado más allá del número 2, mi particular interpretación de la jardielesca frase "TU Y YO SOMOS TRES"? Yo, claro, desde mi puñetera ingenuidad de Robinsón sentimental, entré al trapo en el envite. Y, como era de esperar, me estrellé: nadie, salvo yo, estaba por la labor (se me ofrecía amor, sí, pero desde muy distintas perspectivas: amores, en realidad, y, ya digo, completamente antípodas, antagónicos, incompatibles, en el fondo como en la forma -uno surgido de un común impulso especular, narcisista, incluso me atrevería a llamar homófilo pese a la diferencia formal de género, basado en la búsqueda gozosa de afinidades, y el otro, por el contrario, sustentado en la fascinación por la otredad, por el descubrimiento de parajes emocionales desconocidos o enterrados, en mi caso, desde hacía mucho-). La coyuntura sublime que yo había creído encontrar se volvió desgarro, transtorno bipolar, felicidad mutilada en cada caso (bovarizando, tantalizando a la otra parte en tanto que ausencia), bolero cruel ("¿cómo se pueden amar dos mujeres a la vez y no estar loco?" ).

A fin de cuentas, los dioses sólo estaban burlándose de mis impulsos anacrónicos, tan vintage (no puede existir el amor como concepción abierta, como tentación monista, en tiempos de antiutopía: sólo disociación, bloqueos, fobias, mimadas como signos preciosos de identidad -y si te rebelas contra ello te llaman inmaduro, amorfo, asexual y te obligan a crecer, esto es, a tapiarte la fontanela del corazón-).

Sólo buscaba algo (al parecer, aberrante en nuestros días) como la consumación de este horizonte: que quienes más quería también se quisieran entre sí. Y pensar que hubo un tiempo en que tal aspiración se habría considerado hasta hermosa...

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16/04/2007

LAS CANCIONES DE MI VIDA (2)

 

UNIFORME DE FRANELA

 

(intérprete original: ALBERTO BOURBON)

(letra y música: ALBERTO BOURBON)

 

Nunca más tendré aquel tiempo, hoy por fin me he convencido

de que, si a alguien he querido, ha sido a ti.

Pienso en este amor tan viejo y me acuerdo de aquel día,

tú salías del colegio un mes de abril.

 

Uniforme de franela, falda gris y calcetín,

y aquel sabor a carmín, aquel sabor que aún me queda.

 

Sobre tus labios ilesos, dos temblores asustados,

yo puse mi primer beso, quizá el único que he dado.

Esas épocas tan buenas cada vez están más lejos

y hoy lloran sobre mis penas lágrimas de niños viejos.

 

Nunca más voy a tener la ilusión de aquellos días

¿Por qué te fuiste, mujer, con lo que yo te quería?

Vuelve a darme la alegría de aquel tiempo juvenil

cuando te vi en aquel día un mes de abril.

 

Uniforme de franela, falda gris y calcetín,

y aquel sabor a carmín, aquel sabor que aún me queda

 

Fuiste mi amor de estudiante, dibujaste en mis cuadernos

ojos de niña y de amante que aún calientan mis inviernos.

Necesito recordarte y aunque nunca sepa cuándo

pienso que voy a encontrarte, que también me estás buscando.

 

Uniforme de franela, falda gris y calcetín,

y aquel sabor a carmín, aquel sabor que aún me queda

 



 

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13/04/2007

CONFIDENCIAS


No hace mucho el amigo Maciste me pidió una lista de lugares ideales por si podía usarlos para su blog. Uno de los que le sugerí (y lo aprovechó enseguida) fue la mansión del profesor en CONFIDENCIAS de Visconti. Destaqué el salón y la cocina. Curiosamente, de mis cuatro escenas favoritas de la película sólo dos se sitúan en las piezas mencionadas: la que da título al film tanto en italiano como en inglés, y que hace referencia al cuadro que Helmut Berger valora ante la sorpresa de Burt Lancaster (que, en ese momento, se fija en él por primera vez: a través de la afinidad cultural, el físico del otro nos conmueve a algunos y no a la inversa -la carne va después de la conversación, como procuré explicar en mi texto LA MUJER ILUSTRADA-).

La escena de la cocina me parece también muy gratificante porque es otro de los momentos de distensión, en que el profesor no se siente agredido por esa odiosa familia y, además, los manjares que se sirven en la informal cuchipanda me hacen segregar automáticamente todos los jugos e insalivaciones de rigor.

 

 Las otras dos escenas que más me llegan son muy similares. Helmut Berger llevado en brazos a la cama por el profesor tras ser malherido: todo el componente femenino, maternal, que un hombre maduro de sensibilidad ambivalente puede expresar hacia un sujeto más joven creo que queda excelentemente mostrado en estos fotogramas. Uno de mis sueños más agradables (recurrente siempre que reviso el film) es sentirme transportado por el profesor, ser depositado en el magnífico lecho, arropado y, tras echarme una última mirada melancólica y acariciarme levemente el pelo, el hombre retirarse. En el sueño, Burt Lancaster se confunde un poco con mi tía Carmela, la randiana, hembra de la estirpe de Joan Crawford y Mercedes Mc Cambridge, con trazas en sus facciones de Stewart Granger (más recia mi tía de gesto: tenía un cutis curtidísimo como de jefe sioux, consecuencia de sus prolongados baños de sol, su tabaquismo y su aversión a los cosméticos) y que siempre ha supuesto para mí el troquel emocional a la hora de sentirme atraído por un señor maduro que se ocupa sutil y cariñoso de gente de menor edad. Siempre veo en estas figuras a mi tía.

La otra escena que me derrite es también con Burt Lancaster llevando en volandas al joven ángel caído. Cuando Helmut ha muerto y el profesor lo coge con una aguda expresión de dolor en una especie de actualización muy lograda de los clásicos cuadros del descendimiento de Cristo. Siempre que veo esta escena, como si me apretasen un botón, zas, lloro y moqueo a más y mejor.

 

 

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11/04/2007

RECORDANDO A PERSEY

Una de las primeras ciberdiosas que descubrí en la red, allá por octubre del 2000. Era la webmaitresse, estricta gobernanta, de un espacio llamado INIQUITY INCORPORATED con aires entre góticos, lésbicos y sadomaso (básicamente me interesaba lo segundo -de hecho, descubrí la web a través de un portal, hoy desaparecido, en ALLABOUT.COM dirigido a público femenino homófilo-). Había fotos sólo de ella (una cantidad ingente: en exteriores, interiores, cuartos de baño, atada con cuerdas, teñida de platino o de escarlata o de azabache, en su diminuto y soleado dormitorio, en desiertos de tierra resquebrajada, en habitaciones oscuras, emulando al pensador de Rodin, escalando unas rocas, posando con sedas, con frutas, con gesto afable o con mueca displicente, acogedora en este plano y hostil en el siguiente, a veces muy femenina y a veces muy marimacho, siempre hipnótica -algo en su mirada me recordaba a ese inquietante actor, Ian Holm, el androide de la primera entrega de "ALIEN"-). Había poemas y cuentos oscuros subidos por los invitados. Había una galería especialmente desasosegadora (fotografiada por un tal Eric Kroll, especializado en sesiones teñidas de morbo) donde Persephone con una amiga jugaba a las cartas, las dos desnudas salvo por unos hierros ortopédicos en las piernas, en plan el "CRASH" de Ballard. Lo más inquietante es que tiempo después tuvo un accidente de moto y las nuevas fotos recogían su recuperación, pasando de la performance a la dolorida realidad. Llegué a enviarle un texto en mi balbuceante inglés con ecos de los cuentos góticos, sáficos y orlandianos que acababa de subir a mi recién nacida web: jamás lo publicó (supongo que con toda la razón -yo mismo ni lo conservo-). Ya que he sacado mi vena orlandiana, me excitó mucho el usar "MADAME HYDRA" como nickname para acceder a sus dominios y poner "female" en la casilla dedicada a género (pensaba que así estaría más cerca de mi anfitriona, que ella se interesaría más por mí).

 

Hoy su dominio sigue pero vacío, como un poblado fantasma. Visitadlo y no encontraréis más que la cáscara de lo que una vez fue un espacio lleno de magia y misterios de la carne femenina (esa femineidad transgresora y terrible que siempre nos recuerda a Lilith, la primera novia del Adán bíblico y futuro germen de todos los diablos). Siempre que repaso sus fotos me viene a la memoria cierta frase que leí en una pared de la Facultad de Políticas de Somosaguas una mañana que repartía mis revistas corazonescas: "LAS CHICAS BUENAS VAN AL CIELO, LAS MALAS, A TODAS PARTES".

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09/04/2007

ARCADIA REVISITED

La felicidad siempre implica restricciones y condicionantes. Por tanto, no existe la felicidad total salvo en el autoengaño.

 

A Sophie siempre se la obliga a tomar su famosa decisión respecto de quienes más ama. Y esta decisión, por su propia naturaleza, siempre será desacertada. Esto es, un suplicio: el suplicio de Sophie.

 

Tú me reprochas mi silencio, ese silencio con el que procuré suavizarte mis rarezas. Y yo le reprocho a una tercera persona su silencio, ese silencio con el que (al menos, eso dice) pretendía no herirme. Y así... como en un bucle de Escher (donde las dimensiones son engullidas por otras dimensiones).

 

Hubo momentos muy gratos, incluso de extremo placer, en lo nuestro (tú lo dijiste -y yo lo sentía también, aunque el placer extremo fuese diferente para cada uno: en mi caso, más vinculado a la satisfacción de apetencias que habían quedado pendientes desde los albores de la infancia, el paliar de pronto ese prurito de orfandad, esa melancolía dickensiana que arrastré desde casi antes de tener uso de razón, con la certeza de que por fin importaba a alguien tras décadas de kafkiano desamor-). Hoy mi corazón está lleno de muñones que me hablan en esa lengua dolorosa, fantasmal, con que habla lo que uno se niega a admitir como definitivamente perdido. Muñones cargaditos de momentos tan felices que ahora me duelen en el pecho y el estómago, de imágenes que me zarandean desde la memoria y desde la materialidad de tu cámara, hasta el nombre con que me bautizaste y que hoy es mi identidad como cibernauta me hace sentirme todavía tuyo. Es todo tan concreto, tan real, como lo que me viste, lo que me calienta, con lo que me topo en mi casa a cada paso. Como esa película de Kitano (nuestro Kitano) que vi anoche por tv. Y, sin embargo, no podemos volver atrás, negar lo que nos llevó a esto. Sería la mayor burla, la mayor falta de respeto contra lo que hoy añoramos y tanto nos duele.

 

El amor, espejo mágico donde Narciso jamás deseará contemplarse: todas las impotencias, las incomunicaciones, las imperfecciones, los errores acechan (como la sombra a la luz) los momentos mejores y, pasado el cénit, van adueñándose del paisaje a la medida del crepúsculo (de la Arcadia al De Profundis)... Y, pese a todo, contra toda lógica ¿cabe el heroísmo suficiente como para plantearse, no sólo encararlo, sino atravesar ese espejo y tratar de aspirar a una relación más perfecta, más difusa y laxa en las formas pero con más hondura en su fondo, templada en las crisis, más cómplice (es decir, más comprensiva), más consciente de la fragilidad de cada vivencia (y, por tanto, de su tremendo valor), luciendo con orgullo sus cicatrices sabias (cicatrices sabias, digo -sabias como sonrisas-, y no llagas abiertas -como bocas en perpetua estupefacción-)?

 

Templada en las crisis... ¿Puede valer también para una relación el aforismo nietzscheano "LO QUE NO ME MATA ME HACE MAS FUERTE"? Ahí tenemos un reto interesante. Pero un reto, claro está, a asumir por ambas partes.

 

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