30/05/2007

UOMO LESBICO: LA PELICULA


LA ULTIMA VEZ QUE VI "TOOTSIE"

 

"Quiero estar guapa para ella."
(Dustin Hoffman dixit: la frase de la película)

Es la octava vez que la veo, desde su estreno en aquel cine de la Gran Vía. Uno de mis mayores fetiches cinematográficos. Nunca la había incluido hasta ahora en el menú de LINEA DE SOMBRA y sólo he hablado de ella con una persona (la única persona con la que, en puridad, podía hablar de esta película aunque, finalmente, decidiese malentender todo lo que le dije). Desde mi prisma particular es una historia tremendamente erótica, estimulante, y lo más cercano, sin caer en lo grotesco, a mis fantasías orlandianas (Hoffman nunca ha estado tan atractivo, tanto de varón como de hembra, como iluminado por un aura especial, distinta al resto de sus interpretaciones). Quizás la diferencia en mi caso estriba en que quien ocupaba el lugar de Jessica Lange era exactamente su antimateria: Jessica se siente platónicamente bien con Dorothy pero sus instintos la conducen a Michael, aunque al final acabe quedándose con los dos, en un looping delicioso, lúcidamente perverso; en mi caso, mi Jessica particular se sentía platónicamente bien con Michael pero sus entrañas deseaban a Dorothy. Fue una lástima que la realidad, por una vez, no superase (o, por lo menos, igualase) a la ficción romántica y que esta antiJessica resultase incapaz de unir yin y yan y descubrir en su plenitud, sin bloqueos de género por causa del físico, a la Dorothy que uno lleva dentro.

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28/05/2007

UOMO LESBICO (EL POEMA)


 

No puedes ser contrario, sólo espejo,

pero ellas preferirían lo contrario:

el macho que se inventan al mirarte,

no su reflejo (que lo eres y que niegan).

 

Tragedia del amor ornitorrinco,

tan raro que ni en GOOGLE puede hallarse:

amor anómalo, más loco que ninguno,

tan tuyo que sin él ¿qué serías? (nadie).

 

Conoces, por instinto, los senderos

de la complicidad más femenina

(¿y qué? -quienes mejor podrían gozarlos

no los admitirían de tu mano-).

 

Tragedia de un amor nunca entendido

que sólo te depara soledades:

amor tan íntimo, más bello que ninguno

(sin él serías -¿verdad?- menos que nadie).

 

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23/05/2007

BOLAN


(justo ayer acabé mi megaescucha de las OOCC de Marc Bolan, desde JOHN'S CHILDREN a sus dandysmos por el inframundo, pasando por su onírica y psicodélica etapa acústica de TYRANNOSAURUS REX -de la que chuparon tantos raros autóctonos, como el Sisa primigenio o las Vainicas de "MOROS, CRISTIANOS Y CHINOS"-; en su memoria rescato este fragmento de un artículo publicado en DISCOBARSA en febrero del 2000)

 

Blanco y negro. Mucho grano. Pelambrera rizada derramándose de un sombrero loco, loco, loco tal que el de «Alice in Wonderland» (Alice Constance Westmacott, mejor en esta ocasión que Alice Lydell, si nos atenemos al parecido de aquella con el sujeto que nos ocupa -dar un repasillo a la galería de trofeos prepubescentes del amigo Dogson-). Un rostro chupado apenas entrevisto. Palidez en contraste con unos labios finos y muy rojos (muy negros). El ojo derecho cala la penumbra de las greñas y del ala del sombrero y se clava en mi pasmo de quince años cumplidos. Tras del busto divinamente andrógino, se sospecha algo así como un bosque (inglés, por supuesto -que es mucho más bosque-). Y más dentro, la pupila ya deja paso al tímpano para degustar cortes y cortes de confitura de naranja dulce y agria: la dulzura de aquella voz que tanto me animó (¡yo podía cantar así sin esforzarme demasiado!), la dulzura de aquellos textos surreales y perversamente polimorfos (como escritos por el gato de Cheshire o por la oruga emporrada: «Telegram Sam», «Main man», «Metal Guru», «Mystic Lady», «The ballrooms of Mars»...), la dulzura de los rasgueos de la acústica en las baladas, la dulzura de los coros glamourosos; pero también el agraz de los guitarrazos rock'n'rolleros del propio Bolan y de la tralla percusiva de Mickey Finn, el agraz de los gritos machos en los instantes más duros. Si Alaska, de pequeñita, quería ser Ziggy Stardust, yo, a partir de aquella mañana del 72 en el Rastro y durante mucho tiempo (hoy todavía, ¿por qué no? -aunque ya sea imposible y hasta un poco esperpéntico el confesarlo cuando mis años actuales superan los que tenía al morir el chico de la foto-), suspiré (desde el deseo y la envidia) por Marc Bolan.

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21/05/2007

MARIA Y AMARANTA (la prosa)

(texto leído el 18 de febrero de 1990 en el microespacio que hacía en RNE dentro del magazine dirigido por Carlos Tena)

 

María y Amaranta viven en una buhardilla de la plaza de Chueca. María y Amaranta viven en un palacete cubierto de hiedra. María y Amaranta viven en un apartamento cerca de los Nuevos Ministerios.

María tiene algo de más edad que Amaranta según el carnet de identidad pero Amaranta es mucho mayor que María según las trazas y el espíritu.

María es risueña y tendente al infantilismo. Su colección de muñecas causa pasmo a las visitas. También adora los museos de autómatas. Le encantan los bombones de licor y no parece preocuparse lo más mínimo por los michelines que, sin prisa ni pausa, asoman a su cintura.

Amaranta es seria y prematuramente madura. Da excesiva importancia a todo y gusta de filosofar y comprometerse. Siente unos celos tremendos de los hombres que requiebran a su amiga. Los insulta. Los amenaza. Los maldice. Llora muchísimo en brazos de María. Esta abandona súbitamente su corteza de pepona y toma las riendas por un rato de la situación.

María es más calculadora. Amaranta, más impulsiva.

María compra maría, que acaba fumando Amaranta. Y Amaranta aparece con coca, que apenas cata por culpa de María.

Una es amoral. La otra, no. No es cuestión de calidades sino de temperamentos: ¿acaso la moral no es otra cosa que un rasgo caracterológico?

 


Amaranta y María viven de las rentas que dejaron los familiares de la segunda: con ese dinero, Amaranta decidió abrir una librería dedicada a la literatura fantástica. Ella se encarga de administrar el negocio. María atiende a los clientes. Amaranta, en el vecino despacho, se mortifica a veces cuando su amiga habla largo rato con alguien. Una charla cordial, distendida, con puñales de risa que desgarran el corazón de Amaranta como el de una Virgen Dolorosa. Hay ocasiones en las que, azuzada por la angustia, irrumpe hecha una furia por entre los estantes y espanta al moscón, el cual, casi siempre, se va sin comprar. Entonces, María la reprende y se burla hasta que la celosa coge un berrinche.

A María le excita sentir el tibio llanto de Amaranta correr por su pecho hasta perderse en el ombligo y los michelines. Hunde su indolente rubicundez en la fosca melena que acaricia su cuello. Y la acuna. Y la consuela con frases llenas a la par de cinismo y ternura. Y comprueba cómo se funden y confunden las respiraciones: una, poco a poco serenándose; la otra, a cada momento más agitada. Amaranta se diluye en un débil ronroneo, abdicando de su rol de quijotesa hasta la siguiente jornada. María, en cambio, con la mirada brillante más allá de la pared, susurra al oído amigo planes completamente faltos de escrúpulos y llenos de ambición, de egoísmo a compartir, de soberbia, de cuya maternidad renegará convenciendo a Amaranta de "qué buenas ideas tiene". Posteriormente, ésta los pasará por el tamiz ético antes de llevarlos a cabo y de ese modo la falta de escrúpulos, la ambición, el egoísmo y la soberbia menguarán y perderán su mordiente.

Sobre el cristal, despacio, con deleite...

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18/05/2007

LAS CANCIONES DE MI VIDA (5)

MARIA Y AMARANTA

 

(intérpretes originales: CRA&G)

(letra y música: Rodrigo García)

(versión zurda en el cd LOS FANTASMAS DEL PARAISO)

 

Sobre el cristal, despacio, con deleite,
temblando de un placer desconocido,
llenas de vida, hermosas y brillantes,
se juntaron dos gotas de rocío.

Y dos estrellas aún más lentamente
tomándose en los brazos de sus rayos,
se aproximaron en el firmamento
y en una sola estrella se integraron.

Ojos azules, oro en sus cabellos, María:
la piel del sol tostada levemente,
maneras dulces y carácter suave,
delgada, esbelta, casi adolescente,
andares sueltos y mirada grave;

de pelo y ojos como el azabache, Amaranta:
de formas mórbidas, redondeadas,
la piel del blanco y rosa de una flor;
naturaleza tan apasionada,
que arde en el fuego de su mucho amor.

Sacerdotisas de algún paraíso
que no alcanzamos todos los mortales
se sumergieron en una liturgia
de mil caricias casi celestiales;

y en la fascinación irresistible
que las atrajo desde que se vieron
como dos gotas, como dos estrellas,
María y Amaranta se fundieron.

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16/05/2007

INMA DE SANTIS


(texto leído el 21 de enero de 1990 en el microespacio que hacía en RNE dentro del magazine dirigido por Carlos Tena)

 

Inma ha sido en mi vida una presencia habitual desde que tengo uso de recuerdos. Era una niña rubia, bonita y normal que tenía casi mi misma edad y que no puedo precisar si la vi primero asomada a la pantalla del televisor, en las fotos que ilustraban el libro "EL OTRO ARBOL DE GUERNICA", en el parvulario del Liceo Serrano o si era esa primita que a uno le encandilaba en las reuniones familiares. Con Inma, precisamente por su normalidad, por su ausencia de monstruosas precocidades, no se podía nunca estar seguro de si era una actriz infantil o una chiquilla que habíamos conocido en la vida real. Era impensable tener una Marisol en el pupitre de al lado o un Joselito trinando en el cumpleaños de la abuela: pero Inma de Santis sí encajaba perfectamente en nuestra cotidianeidad. No era una estrellita sino una actriz, impúber pero actriz.

Al entrar en la adolescencia, Inma creció también con nosotros y se la vio florecer en belleza y talento dramático en diversas entregas de la serie CUENTOS Y LEYENDAS o en obras como "ADIOS, SEÑORITA RUTH", en la que desarrolló con especial acierto su primer papel de mala, rompiendo el cliché de sufrido angelito a que la habían abocado sus trabajos anteriores. Pero con este cambio de imagen Inma se convirtió en objeto de deseo para productores y directores que buscaban carne fresca que destapar en el postfranquismo. Coetáneas suyas fueron Sandra Mozarowsky (también muerta prematuramente, cuya carrera quedó limitada a papeles ligeros de ropa en películas rijosas) y Victoria Abril (la otra cara de la moneda, quien, gracias al padrinazgo de Vicente Aranda, pudo encauzar su enorme personalidad en una trayectoria modélica que la ha convertido en la primera actriz española y una de las mejores de Europa). Inma, careciendo de las oportunidades que se le brindaron a la Abril y sin la menor disposición de emular a la Mozarowsky, optaría por abandonar la carrera en la que se hallaba embarcada desde los cinco años.

En los 80 puede decirse que la buena de Inma fue absolutamente a la contra de su generación. Mientras otras andaban muy ocupadas con el perímetro de su pechuga y viviendo éxtasis sintéticos en Sodomas de plexiglás, Inma rompía con el rol de mujer-objeto que pretendían imponerle y estudiaba para directora de cine en la facultad de Ciencias de la Información. Otras se ayuntaban con banqueros y jugaban a la intelectualidad o a las caridades: a ella, en cambio, se la podía ver por Torrespaña cargada con cajas de películas preparando sus avances de largometrajes del fin de semana, que ella dirigía y presentaba. O, sin prisa ni pausa, acaparando premios en festivales por los dos cortometrajes que escribió y realizó. Su labor más importante para televisión fue la última, el espacio "EL TIEMPO QUE VIVIMOS", dirigido a la tercera edad, una serie honesta y directa sin más pretensiones que llegar a la gente mayor, sistemáticamente ignorada por los cronistas postmodernos de tv. En el momento en que el destino la interrumpió, preparaba su creación más ambiciosa, también para televisión: una serie de relatos de hora y media escritos y dirigidos por ella misma. El último ejemplo de seriedad e independencia de esta mujer que día a día demostraba su determinación por no adecuarse a las exigencias de la época, por no ir de muñeca-florero ni de funcionaria en ciernes. No deseo que descanse en paz porque ella, siempre tan hormiguita, no lo aceptaría. Dondequiera que esté, espero que siga imaginando, escribiendo, realizando y negándose a ser otra que ella misma.

 

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13/05/2007

EL CANTO DE LAS PAULINAS

Aun fresquísima la megaescucha de las OOCC de PAULINE EN LA PLAYA (incluidos sus comienzos en UNDERSHAKERS), evoco la primera vez que invadieron dulcemente mis trompas eustaquianas. Fue hallándome yo en una bañera, en compañía de mi osita, rebosando sales espumosas, rodeados de velas (un crepúsculo estival, tras una agotadora jornada de triscar por el campo). Pensándolo bien, una bañera rebosante de espuma y a la vera de alguien querido se me antoja el lugar idóneo para escucharlas y me ha hecho mucha gracia (esa dichosa sincronicidad jungiana que siempre me persigue) descubrir entre su repertorio una oda a la bañera.

Después las volví a escuchar, siempre en casa de mi osita (gran paulinófila), en cenas señaladas y en alguna otra sesión de baño espumoso, ambas situaciones ornadas con velas de olor.

Antes de ello (comienzos del 2003) había tenido dos encuentros previos con las Paulinas: con el dúo en directo más un trompetista (cierta velada en la sala SIROCO donde también intervenía KIKI -durante esa traumática y dolorosa gestación de lo que acabaría siendo su primer cd para Siesta-), ocasión en la cual interpretaron una versión de las Vainicas; y con una de ellas (en las tertulias de la Inter que dirigía Victoria Diges), concretamente, con la que, según me comentó, había pasado a partitura para la editora las canciones de mi disco "SANGRE SABIA".

Las Paulinas rezuman humores vainiqueños siempre gratos para un adicto (especialmente, a Carmen Santonja, que es con quien más las identifico), también melaza brasileña (mi adorada Gal Costa), unas voces que no pueden por menos de recordarme a chicas de Siesta (ignoro si hay influencia de alguien sobre alguien o si la cosa se limita a mera evolución convergente) pero con un punto, en las Paulinas, de mayor sensualidad (con más -no sé si premeditada y/o alevosa- intención psicalíptica en determinados momentos).

Mi guardaespaldas Arthur Bishop (al que siempre, lo juro, trato de no defraudar) las definiría como "obscenamente cursis" (definición que tanto para él como para mí es, conste, sinónimo de piropo).

En fin, hoy, a años-luz de aquellas veladas con velas, de vuelta a mi cuchitril de sujeto impar, sin bañera (tan sólo una angosta ducha), aunque, mientras me hacía la comida, resultaba también gratificante escucharlas, sobre todo cuando, con las heridas sentimentales a medio cicatrizar, uno está especialmente blandorro y receptivo para canciones así con letras así (lo mismo que para películas de Richard Gere tipo "OTOÑO EN NUEVA YORK" o "¿BAILAMOS?" -espero que esta comparación no resulte insultante para nadie pero es la primera que, de manera espontánea, se me ha venido a las mientes-).

"Y entre espuma, calibro mi peso pluma. Y el agua que me aligera, rebosará mi bañera; caerá fuera. Y la esponja bordea todas mis curvas, visita mis recovecos llenita de agua y jabón."

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06/05/2007

A LA LECTORA DESCONOCIDA

Abstracción hecha de las dos presencias femeninas que supusieron el detonante para iniciar este blog y que, cabe suponer, de cuando en cuando se asoman a ver qué me cuento y cómo las pongo, mis instintos básicos y pineales me susurran que hay alguna otra mujer más siguiendo las muy variopintas estancias de mi terapia sentimental.

Una mujer que, si se ha enganchado al punto Z (si halla en las líneas, en las imágenes de este blog, complicidad y, con la complicidad, deseo, desde el vértigo que puede provocar la identificación, desde la sensualidad transgenérica que inspira en las aves raras la posibilidad -siempre lejanísima, casi sinónimo de horizonte- de escuchar nuestro idioma único en boca de otro, de sentirnos por un momento reflejados en otro rostro y, por tanto, acompañados en su acepción más categórica, menos trivial), ha de ser una mujer muy peculiar, una mujer tan imposible que entra, por esa lógica de lo peculiar y de lo femenino, dentro de lo probable.

Una mujer que no practica el turismo emocional, que no toquetea los corazones (esos corazones palpitantes hechos de palabras) desde la actitud caprichosa del diletante (de quien gusta hurgar en los llantos y alegrías y esperanzas y decepciones de los creadores como ejercicio de estilo o por el mero antojo de combatir el spleen), que se implica y se complica y se enreda y se ensucia y se impregna y se embadurna de esas palabras (esto es, de esas emociones, todas húmedas y chorreantes), que no disocia ni cosifica ni pone lindes, que no ve este blog como una herramienta desechable, como un juguete anímico para sentirse menos aburrida en las horas tontas.

Una mujer que, por contra a la inmensa mayoría de sus congéneres, no orbita en torno a fijaciones falocéntricas (según mi maestro zen, casi todas las hembras humanas son rehenes emocionales del pene, sea para desearlo, para envidiarlo o para temerlo, y es de una infrecuencia suma encontrar a una a la que no inspire más que indiferencia dicho atributo per se, que no le suponga ni acicate ni obstáculo para establecer una relación, que no lo venere en el altar de sus adicciones ni lo coloque en el tablero de dardos de sus fobias, que, si le toma apego, sea como un rasgo más del cuerpo -del cuerpo como proyección del espíritu- amado).

Una mujer poco proclive (en todo caso, tan sólo por imperativo laboral) a ahormar sus protuberancias en copas de las anunciadas por la tele (de hecho, desconoce qué anuncian por la tele, pues siempre zapea desconectando el sonido y retomando en esos interminables lapsos alguna lectura).

Una mujer nada dispuesta a mutilarse a la ligera el vórtice de su personalidad.

Una mujer que antes se cortaría las venas que usar botox o silicona o que hacerse una liposucción.

Una mujer, pese a todo, coqueta a su manera personal e intransferible y que de seguro podrá sacarle el mejor de los jugos a textos como éste.

Una mujer (es casi redundante, habida cuenta de lo expuesto en anteriores párrafos) lectora compulsiva y asidua feligresa a los oficios de los minicines en v.o.

Una mujer que disfruta elaborando sus perversiones y se niega a elegirlas, ya tópicamente fiambres, en el menú que le ofrecen gentes de limitada imaginación.

Una mujer de impulsos básicamente introspectivos (casi autistas para los ojos habituales que la contemplan sin comprender), interesada en sí misma y en todo aquel ser que la pueda reflejar (resumiendo, una mujer COMO YO).

Una mujer tal vez considerada poco atractiva por el común de los mortales o, si se acerca a la belleza convencional, será una belleza rara, excéntrica, incómoda, con un algo de anormalidad para el rasero establecido (por ejemplo -pero libres del flou hollywoodiense, en su hiperrealidad expresionista de recién amanecidas-, una Anne Heche, una Rosanna Arquette, una Carol Kane, una Toni Collette, una Jane Adams...).

Una mujer que (entre innúmeras posibilidades, todas adorables) quizás recuerde a esa anónima retratada por Chuck Close o a la nazarena Laura Nyro o a la tan poco despampanante (y, por eso mismo, bellísima a mis ojos) Mary Louise Parker:

Una mujer hecha de las paradojas que me gustan: fascinantemente aburrida, obscenamente cursi, discreta hasta la indecencia.

Una mujer profundamente religiosa (es decir, profundamente culta), para la que el sexo es la forma más elevada y perfecta de oración (es decir, de cultura).

Una mujer de palabras (palabras que iluminan su carne -sea cual sea esta carne-).

Una mujer de carne (carne tan tangible -casi- como sus palabras).

Una mujer que no espero, por todo lo dicho, haga acto de presencia por los comments de este blog. Aunque, si lo hiciese, alguna vez (como acontecimiento, ya digo, no como rutina) sería ¡tan bonito!

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03/05/2007

LAS CANCIONES DE MI VIDA (4)


NECESITAS SABER CAER

 

 

(intérpretes originales: DON FRANCISCO Y JOSE LUIS)

(letra y música: FRANCISCO DE ASIS PASTOR, JOSE LUIS MORENO RECUERO)

 

 

Tienes que aprender

no sólo a andar sino a caer:

al estar caído te verás

casi decidido a renunciar

y es entonces cuando hay que tener

una mano cargada de fe.

 

Deja ya de hacer

esas mil cosas que no crees,

baila en un teatro sobre un pie,

toca la guitarra en un café

pero en todo momento sé tú,

pero en todo momento sé tú.

 

Necesitas saber caer

para luego poder volar:

estarás otra vez en pie

si conservas tu integridad

y ten valor al fracasar,

tira la careta,

de sabios es reconocer

nuestro propio error.

 

Sin falsas premisas

que deformen tu opinión

has de decidir esta cuestión:

si bajar la cabeza y volver

o intentarlo de nuevo otra vez.

 

Necesitas saber caer...

 

 

La versioneé una vez con Charlie y Casilda en LA BOTELLITA (noviembre 2003, si no recuerdo mal) pero la cosa no quedó muy lucida por la falta de medios y de ensayos. De todas formas, Charlie y yo no cejamos en recuperarla para la nueva singladura.

 

La canción se incluye en un cd de RAMA LAMA que recupera un álbum prácticamente desconocido del pop español desde hace más de 30 años.

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01/05/2007

SIJE (REDUX)

"¿Muchacha? ¿Muchacho?... Este ser todo ojos, toda ojos, la cara noble, de fino perfil medallero, tiene una corta melena..."

"Luego el brazo -brazo de nadadora- ¡era tan robusto! Y el pie -no siempre guardado por la ligera sandalia- ¡tan grande, tan apto para el saltar!"

"Sorprende y turba casi ver, en el cuerpo esbelto, liso, pulido de Sijé, la anchura y la eminencia audaces de las dos cimas violeta con que los senos se coronan.Ahora que, aquel cuerpo, el sol del verano lo doró todo, evoca por el contraste del color, aquella singularidad, el aspecto de dos manchas de tinta simétricas en lo alto de una libra esterlina."

"El avance de la mañana la hacía calurosa. Y a la bella salvaje le gustaba sentir sobre la piel, en la espalda, en el vientre, la frescura recién regada de los ladrillos, a cuadrados blancos y rojos, de una pavimentación ligur."

"Ella ha hecho esta noche un gran consumo de cacahuetes. Las cáscaras las arrojaba descuidadamente al suelo, por entre la piernas, y, luego, con un pie que había libertado de su sandalia, las aplastaba con vigor. En los momentos de mayor y más escandaloso chorro de risa, este pie subía convulsivamente a lo alto. Leíamos en la planta rosa -rosa contrastando con el oro viejo de la epidermis del rostro del pie, como en los negros- la precaria incrustación de unas cuantas cáscaras..."

"La muchacha está divina. Entre los rostros y los cuerpos de las pobres actrices -trapos, lazos, maquillaje, fatiga- resplandece su vigorosa, su tres veces desnuda juventud."

(EUGENIO D'ORS)

 

 

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