24/09/2007

ESPECIAL LICEO SERRANO

Ya iniciado el curso escolar y, a petición del numeroso público que lleva insistiendo sobre el particular desde hace meses (trolls, mayormente, pero, espigando, espigando entre los rastrojos, tal vez se encuentre algún nostálgico de verdad de los días escolares), voilá...

 

LA CIUDAD JARDIN SE AHOGA

(versión revisada del texto publicado en el suplemento "AL LORO" -dominical de ABC, noviembre del 84-)

 

Voy paseando. Alfombra de hojas bajo mis papes. La señorita Ana María (yo adoraba a esta mujer: tanto que a veces pienso si no nos unió un lazo maternofilial en otra vida). Algunos coches. Arriba, algo huele a nublado ("sol liao en un trapo", que decía mi abuelo Joaquín). Doña María Dolores Galvarriato (amiga de la familia y directora del colegio, camisa vieja y hermana de Eulalia, musa de poeta puro). Bochorno y brisa a un tiempo (no sé qué hacer con la rebeca). Susana Gómez-Acebo (¿pude encontrarla un milenio después saliendo de otro colegio en Martínez Campos?). Miro de reojo e intuyo la presencia niuorleanista de la Residencia de Estudiantes (durante años me refugié furtivamente frente al histórico edificio, por simple apego estético, ignorante de su significado). Diana y Benito (¿a ella también pude verla, con uniforme escolar, junto al Mayte Commodore -o era Doctor Arce- allá por el 75?). Ruedan las bolas peludas de los castaños de Indias (imagen fugaz de Cocoliso, el cubo de basura metálico donde se recogían los detritus del jardín). Alicia (pelo corto, menudita, deliciosa... sí, yo fui quien te robó aquel álbum de peces el último día de curso: nunca me he confesado de tan grande falta y siempre me ha pesado como una infracción primordial a la armonía del mundo, de mi mundo). Creo ver por la calzada las DKW que iniciaban y concluían nuestra jornada de parvularios (nuestro chófer se llamaba Trini). En Callao (ponían "CON FALDAS Y A LO LOCO" en el Palacio de la Prensa) recogíamos a Pastora. De Bravo Murillo surgía, con su carga de Tintines, el bueno de Jorge Cela. En García de Paredes quedaban Susana y su inquieto hermano Marcos y, un poco más hacia García Morato, Pedro Perdigón, pequeño como su apellido. Oigo pájaros. Alzo la cabeza. Nada. Pertrechando a la Residencia, el CSIC. Jaime Arrazola. Maribel (esa manchita en el blanco de uno de sus ojos). La silenciosa Cristina. Y, claro, last but not least, Calleja, mi protectora. Flanquea el Consejo el Instituto Ramiro de Maeztu. Tras sumergirme en estos recuerdos, debo iniciar la descompresión (la profundidad es mucha: más de tres décadas). Finalmente, miro la fachada. Han cambiado la placa: "EMBAJADA DE COSTA DE MARFIL".

Hasta los delfines lloran.

 

Posted by EL ZURDO at 01:28:07 | Permanent Link | Comments (0) |
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