TOONIES
«¿qué le voy a hacer? los Simpson me echan p'atrás por mucho que sean un icono de la cultura pop bendecido por todos sus popes. Es algo visceral. No soporto ni los bicharracos amarillos, ni el doblaje (tiene delito, por ejemplo, doblar un capítulo en el que pone su voz Michael Jackson), ni sus chistes, ni sus cameos, ni su musiquilla... Tal vez algún día me decida a hacer un post antisimpson, pero hoy por hoy hasta eso me da grima.» (DILDO DE CONGOST)
Dildo colgó en su Zoo no hace mucho una entrada dedicada a una versión porno de LOS PICAPIEDRA y, entre otras cosas, dejó clara (con la contundencia demostrada líneas arriba) su manía a LOS SIMPSONS y su afición por la saga cavernícola, en particular, y buena parte de las series de Hannah & Barberá, en general. Yo me quedé con ganas de hacer unas puntualizaciones pero, dada la profusión de trolls, tocapelotas sin pelotas (que diría un ghostbuster) y capullos reveníos que abundó en ese hilo, se me acabaron quitando las ganas y prefiero contestar ahora desde aquí.
LOS PICAPIEDRA entraron en España con el UHF (hoy TVE-2) y, en su contexto, supusieron una entrada parecida a la de LOS SIMPSONS. Esto es, una serie de dibujos para jóvenes más que para niños que aparecía en un medio alternativo (el UHF como canal de arte y ensayo frente a la 1ª Cadena como canal mainstream .lo mismo que LOS SIMPSONS entraron dentro de aquel espacio presuntamente rompedor -en realidad, más bien irritante- que presentaban el tándem de fenómenos Bibian@ y Rossy). Su temática de peripecias conyugales enlazaba más con series como EMBRUJADA o con films como los protagonizados por Rock Hudson, Doris Day y Tony Randall que con el mundo explícitamente infantil de Disney o de otras series de la propia factoría H&B (EL OSO YOGI, HUCKLEBERRY HOUND, PIXIE & DIXIE...).
Yo tuve mi primer contacto con la televisión allá por el 62, cuando mis tíos se compraron su primer aparato, un enorme Telefunken, que, por estar situado encima de un no menos descomunal aparador, había que ver casi como en un bar o como la pantalla de un cine, con la cabeza muy alta, casi al borde de la tortícolis, y rodeados de vecinos y parientes. Mis momentos mágicos eran las dos horas y media entre la merienda y la cena, cuando el cajón de las sorpresas audiovisuales quedaba sólo para mí. Entonces me deleitaba con las ingenuas peripecias del perro azul cabezabuque, del caballo parlante MR ED, del gato cañí y los ratones caribeños, o de los primeros úrsidos que entraron en mi vida, esa peripatética pareja formada por el filósofo un poco alelado Yogi y su discípulo el preadolescente Booboo (primer atisbo en mi imaginario erótico -ahora que lo pienso- de ese carnoso profiterol que los toonies me depararían muchas décadas más tarde, Meg Griffin).
LOS PICAPIEDRA los vi muy poco, siempre en casa de parientes más ricos que habían instalado segundo canal, y su temática conyugal de familia feliz USA no me decía mucho (para entonces ya vivía con mi madre y mi abuelo y tal vez, si hubiesen sido LA FAMILIA ADDAMS, habría conectado mejor; por otra parte, las demás familias españolas que conocía, mucho más cercanas a las historietas neorrealistas de Bruguera o al sórdido casticismo de Rafael Azcona, tampoco me ponían en disposición de identificarme con aquellos burgueses trogloditas que vivían como californianos de clase media -o sea, como españolitos de clase alta-). Era todo demasiado normal frente al esperpento cotidiano en el que yo me movía y, ya puestos, me hacían más gracia los apuros del soltero Larry Hagman con la genio Jenny, o las trapatiestas de Samantha y su señora madre sufridas por el marido descerebrado de turno, o, ya no digamos, LOS MUNSTER, donde por fin encontré algo más cercano a mi día a día familiar. Además, ya había comenzado a obsesionarme/identificarme con los dinosaurios y otras bestias extintas, y me parecía aberrante profanar la gloriosa anomalía y épica supervivencialista de las épocas prehistóricas con el mensaje welfare del Mondo Flintstone.
Hubo una serie paralela, LOS SUPERSONICOS, que seguí con más ganas cuando, allá por el 66, mi abuelo compró también televisor (un Zenith, creo recordar). El elemento futurista y de SF me resultaba atractivo y la asociaba a otras series que seguía a la sazón, como PERDIDOS EN EL ESPACIO, TIERRA DE GIGANTES o STAR TREK amén de aquel film tan desasosegante, PLANETA PROHIBIDO... Aparte, tanto la madre (que siglos más tarde reencontraría en las formas marsupiales de Lois Griffin) como la hija (anticipo de la vástaga de los Bundy), me resultaban muy gratas de contemplar.
A medida que crecía, me di cuenta que las series de H&B se degradaban a velocidad de vértigo. Recuerdo haber disfrutado todavía con la temática western protagonizada por el equino Tiro Loco McGraw (claramente inspirado en el larguirucho James Stewart) y su compadre el torito Pepe Trueno, o con las pesquisas detectivescas de Superfisgón y Despistado, incluso con Don Gato y su pandilla (con ese perfume picaresco a lo Blake Edwards y Richard Quine), o con aquella mofeta enamorada de una gata de pelaje idéntico al suyo (tal vez el personaje de H&B con el que más me he identificado -¿metáfora prematura y latente del uomo lésbico?-). Pero después, series como SCOOBY DOO (que sólo aguanté durante una temporada, únicamente por lo mucho que me calentaba Velma Dinkley), LOS AUTOS LOCOS (sólo me hacía una cierta gracia el perro Patán y su actitud sardónica), los adolescentes Pebbles y Bang-Bang, el gorila Magilla, PEPE POTAMO, etc, se me hacían más y más elementales y rutinarias. Al final sólo daban pie para hacer unas risas ante los compañeros del colegio a cuento de determinadas coletillas (la manera de hablar de la hiena Tristón o la frase «¿QUE TE PASZA CALABASZA, DIGO NOW? -uno de los primeros intentos de parodiar el argot pijo- de la serie MUTSY EL FANTASMA).


En cuanto a LOS SIMPSONS, al principio me entraron con el pie izquierdo, por el espacio ya mencionado en el que se incluían y por su grafismo demasiado basto (amén de la voz de Bea Arthur con que se afeó en la primera temporada el doblaje de Marge). Fue al leer un entusiasta artículo en MB cuando empecé a seguirlos. Al ser expulsado del infierno brutto, volví a cogerles una cierta manía por asociarlos (creo que esa es también una de las razones que han acrecentado la aversión de Dildo) con el retrete temático de Galactus (minimuseo simpsoniano para hacer de vientre). Pero finalmente pudo más mi atracción por personajes como Sideshow Bob y Hank Scorpio (mis alter egos en la serie), por Marge, por Barney, por el celiniano Moe, o por Homer como máxima expresión del descerebrado subhomínido capaz sino de arreglar el mundo, al menos de acelerar su destrucción (algo siempre positivo desde mi punto de vista en épocas de Kali-Yuga), y responsable de la frase más positiva que he oído nunca para referirse a la relación con una mujer («ES MI MEJOR AMIGO Y ADEMAS ME DEJA TOCARLE LAS TETAS»). Luego, me sorprende esa agudeza hiperrealista de tantos personajes simpsonianos que he conocido, clavaditos, en la vida real: el alcalde Quimby, Patty y Selma, Waylon Smithers... O el hecho de que Pedro Sempson, el primer doblador del señor Burns, fuese también físicamente idéntico a él.
Reconozco disfrutar más con FUTURAMA (de nuevo mi gusto por los escenarios especulativos y por lo anómalo como cotidianeidad -la ciclópea Leela, el iracundo presentador de noticias, mi alter ego Kiff, la chinita Amy, el entrañable profesor Farnsworth y su batería de inventos disparatados, la cabeza de Nixon gobernando el planeta, etc-). Y ya no digamos con FAMILY GUY, como queda claro por mi avatar en este blog y por tantos guiños y homenajes sea aquí o en mi web (aunque no puedo comprender cómo habiendo alumbrado una serie tan rica en momentos brillantes, el señor McFarlane ha podido excretar algo tan infecto y cansino como AMERICAN DAD -creo que, de las sagas recientes de dibujos, ésta compite con SOUTH PARK y con esa otra de los cabezas cuadradas, EL REY DE LA COLINA, en provocarme grima, transtornos depresivos y síndrome premenstrual-).
Por último, no puedo dejar de recordar con afecto RUGRATS (la mejor serie de dibujos para público infantil que he visto y cuyo atinadísimo tratamiento de la psicología de los bebés me retrotrajo a épocas felices que ya creía olvidadas -hasta me vi en su estreno la película LOS RUGRATS EN PARIS y me sentí de la misma edad que el meoncete público que me rodeaba-) y también, aunque con muy distinto enfoque de audiencia, la nihilista pareja de mutantes recesivos BEAVIS & BUTTHEAD y los combates de animación con plastilina CELEBRITY DEATHMATCH.



Acabaré, como en un engaño óptico de Escher o como una figura de la baraja, con una cita antípoda sobre la saga simpsoniana, en este caso de Fruno:
«Recuperé el espíritu, y no puedo ocultar que lo hice feliz, descubriendo a mi alrededor a centenares de personas equivocadas, desencantadas, que buscaban justificaciones absurdas para su abandono del militantismo simpsoniano después de años y años de fidelidad, amparándose en una sobadísima y límite colección de excusas, tales como una supuesta degeneración de argumentos, deslegitimación de personajes y diálogos, ridiculización de situaciones, infantilización progresiva e incluso el abrazo ciego a otro tipo de infraproductos de explotación for dummies a los cuales consideran más modernos y políticamente incorrectos, y que en mi opinión no son más que un desfile de gilipolleces fusiladas de la serie de Groening y compañía, mal disfrazadas de frescura, originalidad y transgresión. El nuevo orden de cosas parece haber relegado a los Simpsonsa una parcela de público habitada bien por fanáticos nostálgicos irredentos, bien por niños sin sesera ni criterio. La mayoría de la gente de mi generación con la que hablo del tema, parece convencida de que "la serie ahora es una mierda", y que los citados subproductos copiones de inclasificable catadura y de ínfima producción son el acabóse, lo más de lo más. A mí me da igual que la gente se consuele adaptando este tipo de posturas, y de hecho creo que en cuanto recuperen el ritmo se arrepentirán del tiempo malgastado... Además, creo que es signo de los tiempos que corren. Por este tipo de errores generacionales luego pasa lo que pasa, y ya vendréis lloriqueando cuando sea tarde. Y de hecho, a mí me hace hasta ilusión descubrir que los Simpsons son, al menos en España y para el target de población al que yo pertenezco, una serie de culto otra vez. Me hace sentir muy bien.»


En esa misma línea, la sustitución del sibilino clónico de Burns, Pedro Sempson, sustituto de Valentín Tornos en las supercicutadas de Chicho, por una voz que simplemente lo convierte en un anciano chocho, tampoco ayuda a mantener el carisma.
Así, el héroe joyceano Homer Simpson, abocado a luchar una y otra vez contra sus limitaciones y las de su entorno, y la grandeza pérfida del cacique local, acaban degenerando por el doblaje en las peripecias de un retardado y las putadas cada vez más inocuas de un viejo oteando el Alzheimer.
Supongo que verlo en v.o. hace que gane. Yo sólo lo vi ocasionalmente en casa de mi osita, cuando, antes de instalarse la tdt, la tv analógica cogía canales guiris de los vecinos. (Comment this)
Lo del rodaje también lo decía yo... Sigo pensando que si no hubiese fallecido Carlos Revilla, ni hubiesen cambiado los otros dobladores, y Antena 3 no tratase la serie como la trata, que es para encarcelar a alguien, NADIE se buscaría excusas para criticar a Los Simpsons a día de hoy, y por supuesto Padre de Familia habría fracasado estrepitosamente... Bueno, aquí me he pasado, que en el fondo, muy en el fondo, me entretiene un poco.
De hecho, antes de colgar el post borré un párrafo en el que ponía a parir la nueva voz de Homer con saña y alevosía. Homer ahora tiene voz de gilipollas, de amargado, tiene una voz desagradable, hueca, incapaz de transmitir otra cosa que no sea lástima (así me siento...). (Comment this)
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