EL ALMUERZO DESNUDO
Tras leer la descorazonadora impresión del number 77, cuando Dildo me dejó (con el marchamo de su encarecida recomendación) el simbionte picterario de Cronenberg y Burroughs, andaba yo un poco receloso. Recomendaciones anteriores (PI, TETSUO 1) o films vistos en su estreno casi a la vez por ambos con muy distintas percepciones (INLAND EMPIRE, UNA HISTORIA DE VIOLENCIA) me hacían tener muy en cuenta el mal augurio del number. Tanto PI como TETSUO 1 como la última de Lynch me habían producido la misma sensación (algo que podría expresarse muy bien con la siguiente frase: «no me estoy enterando de nada pero eso de lo que no me estoy enterando me está produciendo muy mal rollo»). En el caso de PI, vista con mi osita en su casa levantina, la recuerdo a trozos, entre cabezada y cabezada, con mucho judaísmo por doquier (el exhibicionismo judaico siempre me irrita -todavía más por las fechas en que vimos la cinta, justo cuando Israel acababa de perpetrar alguna masacre preventiva-), mucha numerología (soy absolutamente adverso a los números -mi mente se oblitera ante su mera mención-) y muchos cables sueltos (tanto literales como metafóricos). TETSUO 1 la vi solo en casa y a la mitad saqué el dvd del reproductor y traté de desintoxicarme revisando algún episodio de TWIN PEAKS.
Sobre INLAND EMPIRE ya conté mi via crucis en esta entrada del Dildodrome. Y, en cuanto a UNA HISTORIA DE VIOLENCIA, es quizás la peli de Cronenberg que me ha dejado más indiferente. La vi con mi osita en su estreno y nos produjo a ambos una sensación parecida, como de algo menor, irrelevante, que intenta ir a más pero no lo consigue, sin dejar una fuerte huella en el ánimo ni a favor ni en contra.
Sólo una película recomendada por Dildo (OLD BOY) me noqueó en su primera (y fragmentaria) visión (sopor, malestar...) y me ha fascinado al verla por segunda vez, encontrándola de un romanticismo desenfrenado, con un punto kitanesco.
Pero volvamos al simbionte picterario de Interzona. Lo primero que me llamó la atención (aparte los hallazgos cromáticos que evocaban con bastante acierto los colorines chillones de los 50 -y, por contraste, ponían en evidencia el desastre, también en cuestiones de gama, de aquel bodrio de Warren Beatty, DICK TRACY-) fue que un film sobre el rey del cutting up se desarrollase de manera tan lineal: un tipo está en USA trabajando de matacucarachas, su señora se droga con las reservas de Cucal, él la mata en una fiesta un poco tonta (dentro de la tontería existencialista, que ya es decir) y acaba en Tánger delirando peripecias conspiranoicas. Su linealidad ejemplar me recordaba a esas obras menores de Orson Welles (EL EXTRAÑO, ESTAMBUL). Los delirios, alucinaciones y analogías me parecieron tan racionalizadas como en las otras dos obras de Cronenberg que asocié a esta (SPIDER y eXistenZ): la esquizofrenia, los cascos de realidad virtual y, en el caso del simbionte, ir de Cucal hasta las cejas. No encontré la menor arbitrariedad en las imágenes más anómalas y, desde luego, considero un hallazgo capital la síntesis de máquina de escribir y artrópodo.
También debió ayudar en mi caso el conocer unos cuantos datos sobre los protagonistas (Burroughs, el matrimonio Bowles, Ginsberg y Kerouac), por lo que todas las claves no me parecieron en absoluto caprichosas sino hasta (en algún momento) de un didactismo de biopic.
Hubo un instante en que evoqué también la cosa chanante del cómico albaceteño: justo cuando Burroughs se vuelve a encontrar en su habitación con el superagente moogwump (o como se escriba). En ese momento me vino a la mente, sin dudarlo, las paridas de RETROSPECTER
Pero el ingrediente supremo para expresar el mal rollo de Burroughs ante las mujeres y su convencimiento de que eran algo muy ajeno a los humanos varones, entre alienígenas y escolopendras, estriba, a mi entender, en la elección de Judy Davis para el rol de las dos Juanas, Lee y Frost. Ese aspecto cadavérico, esa poca coló, esos ojos aguanosos, esa presencia repelente a la par que atractiva en su arcano, son para mí la piedra angular de EL ALMUERZO DESNUDO: THE MOVIE. Nunca la Davis, habitualmente encasillada en papeles de burócrata (recordemos su personaje de arreglalotodo -versión ominosa del luminoso Mr Wolf de PULP FICTION- en la eastwoodiana PODER ABSOLUTO), ha dado tanto y tan bien. La misma sensación de aversión y fascinación que puede producirme un cuadro de Bacon o la obra escrita del propio Burroughs (sobre todo mi texto favorito, EL LUGAR DE LOS CAMINOS MUERTOS) la siento ante las carnes rancias y amarillentas, los ojos de pescado podrido y la voz de vuelta de todo de Judy Davis. Sin ella, me atrevo a decir, no habría película.



barry.white.saved.my.life@gmail.com (Comment this)
En cuanto al "Almuerzo en bolas", creo que has hecho uno de los análisis más interesantes que he leído, sobre todo por tu valoración del papel de Judy Davis.
En sus conversaciones con Burroughs antes de escribir la película, Cronenberg le advirtió: "Ya sabes que yo no soy homosexual, por lo que mi sensibilidad, por lo que respecta a la sexualidad de esta película, será distinta. No me da miedo la homosexualidad, pero no es algo innato en mí, y es probable que quiera que haya mujeres en la película". Por eso la Davis resulta al mismo tiempo repelente y atractiva: porque es contemplada desde dos puntos de vista a la vez: el "homo" de Burroughs y el "hetero" de Cronenberg. El propio Cronenberg reconoció que "en esta película es como si Burroughs y yo nos fusionáramos en la máquina teletransportadora de La Mosca". (Comment this)