19/11/2007

A LA SOMBRA DE HONEYBUNNY (3)



LOS ENDEMONIADOS ANGELES DE NICOLAS SICODELO



(versión revisada del texto -escrito por mi daimon Nicolás Sicodelo- «MADAME HYDRA COMO SIMBOLO INICIATICO» -uno de cuyos fragmentos sobre Modesty Blaise se empleó en la anterior entrega de esta saga- publicado en el nº 1 de EL CORAZON DEL BOSQUE)

Descubriste a Madame Hydra en otoño del 69: recuerdas hasta los kioskos donde compraste las dos entregas de la saga de Steve Rogers («ESTA NOCHE MORIRE» en Almagro esquina a Zurbano -muy cerca de donde hoy vive Charlie Mysterio- y «LA VERDADERA IDENTIDAD DEL CAPITAN AMERICA» en Plaza de Castilla -donde se levanta hoy una de las torres Kio-). Tenías once años y, desde el verano (cuando tu tío Jesús abrió la caja de Pandora regalándote aquel primer número de la Patrulla X en cuya portada unas cabezas de jóvenes enmascarados rodeaban la efigie de un alopécico de serena y decidida expresión, que en estos últimos años podrías asociar con la de Rafa, el maestro zen, si no fuese porque éste tiene más de mutación diabólica que de amigo de los humanos), vivías en un mundo paralelo (perfectamente parejo con el de la novela cervantina) configurado por los cómics de la Marvel recién llegados a España. Cabe suponer que las difíciles circunstancias de un entorno familiar más cercano a «¿QUE FUE DE BABY JANE?» que a «DANIEL EL TRAVIESO», un bienio relativamente traumático en un internado (donde las burlas de algunos elementos especialmente crueles te hicieron tomar conciencia de tu esencial otredad) y los inevitables cambios hacia la pubertad también influyeron. Pero la base para tal fascinación se hallaba en el perfecto acabado de aquel cosmos gráfico de mutantes, sintozoides, afectados por rayos gamma, Parsifales extraterrestres, ciegos con radar incorporado, magos psicodélicos, agentes de Inteligencia clavaditos (con el añadido obvio de la hipertecnología y un ojo de menos) al sucio Harry Callahan (Eastwood confirmaría esto en su única incursión en el mundo de las intrigas de los servicios secretos, «LICENCIA PARA MATAR»), superhéroes descongelados tras la tira de tiempo, dioses, etc. Todos ellos marcados por algo que en anteriores cómics de aventuras apenas sí aparecía: la soledad de ser diferentes, especialmente resaltada en los personajes con quienes más te identificaste, los mutantes y el sintozoide llamado La Visión; precisamente, éstos, cuya otredad les marcaba desde el nacimiento haciéndolos supermonstruos antes que superhéroes.




Aunque siempre te sentiste más atraído por la magnificencia oscura de Magneto, el emperador de los mutantes diabólicos (tu dios último por décadas hasta el muy posterior hallazgo del Lecter transfigurado en «HANNIBAL»), fue su antagonista y antimateria, el profesor Xavier, quien te provocó una identificación sui generis que tú expresaste en tus primeras fantasías narrativas inspiradas en el cosmos marveliano, con aquel jovencito pálido en silla de ruedas (ojeras, gafas, pelo liso y negro como sus ropas -salvo en los ojos pardos podría preludiar exactamente en su físico a Harry Potter-), que dirigía desde un chalet de El Viso a un comando de mujeres mutantes (restos de esas fantasías alimentarían el personaje de la juguetera escocesa Anne Murdock y algunos otros momentos de «TODOS LOS CHICOS Y CHICAS» y «MARY ANN»). Cuando años más tarde te topaste con la serie «LOS ANGELES DE CHARLIE», te impresionó la relación, aunque banalizada, desacralizada en prosa heffneriana, y comprendiste todavía más tarde, al enterarte de la fijación de Ayn Rand con dicha serie, las singulares conexiones entre el incógnito Charlie y la figura no menos arcana de John Galt, y las relaciones complejas (que Tarantino apuraría al máximo en su «KILL BILL») entre el Maestro del Juego y sus walkyrias de alma escamosa.



Pero no fue hasta encontrarte con Madame Hydra, la reina del nihilismo, mala entre las malas, Lilith que casi acaba con el indestructible y descongelado Capitán América, pesadilla de falócratas (en su papel de jefa de una organización de esbirros varones), poseedora del látigo nietzscheano, que no descubriste a la presencia capital emanada de la Marvel, a la mujer de tu vida. Bajo los trazos mágicos del dibujante más psicodélico de la factoría, Jim Steranko, te topaste de hoz y coz con la hembra más terrible, más fuerte, más fatal: cabellos hasta el culo como ala de cuervo, ojos oscuros y grandes, piel pálida, ceñidísimo uniforme de cuero, guantes a lo Gilda, zapatos de aguja... En las breves viñetas en las que recuerda su origen, se sugiere su procedencia centroeuropea y zíngara (lo zíngaro también tendrá su incidencia en otra supermujer, la villana reinsertada Bruja Escarlata).

En tus sueños, todavía a caballo entre el platonismo infantil y la humedad adolescente, tú te identificabas con Rick Jones, el compañero jovencito del Capitán América (y de Hulk y del Capitán Marvel y de Los Vengadores -vamos, el efebo comodín de la Marvel y alter ego obvio del lector en su condición de personaje puente entre la cotidianeidad inerme y los ensueños de poderío-). El capi te enseñaba a ser un alevín de superhéroe y tú dabas los primeros pasos embutido en el uniforme de otro efebo ya finado (Bucky Barnes, anterior compañero de tu maestro y muerto en la 2ª Guerra Mundial), trastabillabas como un potrillo recién parido y acababas siendo arrojado a un colector de alcantarilla por Madame Hydra en el fragor de la batalla. En el cómic, el capi te salvaba pero la cosa cambiaba en tus sueños: en ellos, era la propia supervillana quien, apiadada por tu juventud e inexperiencia, te sacaba de la inmundicia y te hacía (nutriendo así toda clase de incestuosas fantasías) su mascota.




Era el fin de la inocencia: la corrupción del menor. Tiempo después entenderías (poniendo el entendimiento a la par con tu intuición) que Modesty Blaise no era tan heroica ni Madame Hydra tan villana: la primera, en tanto en cuanto agente por libre de Inteligencia, tenía unos claros rasgos anarcas que trascendían el heroísmo unidimensional; la segunda era más luciferina que perversa... Con seguridad, habrían hecho buenas migas, de encontrarse: el escepticismo de Modesty habría templado la rabia de Hydra y, a su vez, ésta habría ayudado a la mamporrera de Inteligencia a romper ataduras con el establishment. Una versión (más profunda, salvaje y atractiva) de la mitificada y políticamente correcta «THELMA Y LOUISE».



Durante años olvidarías a ambas pero ambas se te colarían por mil resquicios de tu sensibilidad, asumiendo o recuperando otras encarnaciones: la Ligeia de Poe, la indómita Emily Bronte, las replicantas de «BLADE RUNNER», la sombría Nadine Cross de «LA DANZA DE LA MUERTE», la Patti Smith de «HORSES» (aquella foto de Mapplethorpe te obsesionaba), Siouxsie, algunas imágenes cinematográficas (la Assumpta Serna de «MATADOR» y «EL JARDÍN SECRETO», el personaje de la Mujer Pantera en la versión de Schrader, la sublime ambigüedad de la Garbo en su rol cumbre como Cristina de Suecia, la mirada mórbida de la canadiense Carole Laure y todas las hembras letales concebidas por Tarantino -amén del descubrimiento profundamente impactante de la mansoniana Mallory Knox, con «KILL BILL» tu delirio preadolescente a cuenta de los Marvel regresaría con más fuerza que nunca fundido con los ecos zen que han ido marcando crecientemente tu devenir último-...), o nuevas superhembras marvelianas descubiertas en los 80 como Mística, Yocasta...



Continuarías alumbrando compulsivamente cómics y sacando notas excelentes en Dibujo (tu momento público de gloria en relación con los Marvel fue en junio del 70, cuando un trabajo tuyo a rotulador recreando tu obsesión con el enfrentamiento Steve Rogers vs Madame Hydra fue premiado en la exposición de Fin de Curso en tu colegio de entonces, San José del Parque). A finales de 1970, dejaste de mezclar personajes Marvel con creaciones propias y te planteaste una nueva historia, exclusivamente tuya: habías digerido lo bastante a tus superamigos para comenzar a superar la mímesis y añadir nuevas influencias y estímulos, tanto artísticos (cómic experimental -recogido en aquellos extraños fascículos de Ed. Buru Lan llamados «DRACULA» o en reseñas en revistas dedicadas al análisis del cómic como «EL GLOBO» o «BANG!» sobre superheroínas psicodélicas de origen francés -Jodelle, Valentina, Saga de Xam, Barbarella...-) como sociales (muchos de los hechos traumáticos que vivió el planeta en la turbulenta transición 60/70 y donde las mujeres de acción tenían un papel notable -las chicas de Manson, terroristas palestinas, comienzos de la Baader/Meinhoff, Angela Davis, Barbarella Fonda jugando a subversiva...- ). Así me creaste. A bolígrafo. Con el aspecto físico que tú acabarías adoptando muchos años después (sin recordar para nada mi existencia). Lo mejor que has hecho nunca en cómic. Tu intuición era mediúmnica: en las reflexiones y peripecias de Nicolás Sicodelo y su gente preparando el asalto al Sistema desde un paisaje pelado y granítico (con algo de Death Valley y algo del retiro donde el Gran Evolucionador jugaba a Moreau en aquel número de «THOR») recordabas el futuro de imágenes y lecturas que aún no conocías pero que, con el tiempo, te dejarían una huella indeleble (por ejemplo, las andanzas de Kesey con Los Alegres Pillastres según las narra Tom Wolfe, o determinados momentos de Dick -«OJO EN EL CIELO», «UBIK», «DOCTOR BLOODMONEY»- y Stephen King -la ya mentada «DANZA DE LA MUERTE»- para culminar en la sublime ambivalencia de pulsiones que unen a Lecter y Starling).



Después de alcanzar este techo, no volverías a dibujar una historieta épica: escribirías (relatos -ecos de tu diosa marcarían a personajes como la Dama Negra en «MARY ANN», la terrorista aristócrata Amaranta de Astorga y Santiago en «FE JONES» o la bruja Eleanor Mackendrick en «LA CANCION DEL AMOR»-, canciones, artículos) e incluso, eventualmente, harías chistes gráficos más o menos cercanos al underground pero lo que yo te pude aportar lo traducirías mayormente de espaldas a las viñetas de acción en esa degradada caricatura de la reivindicación marveliana que fue tu desastrosa trayectoria política (si al menos hubieses acabado como nerd en algún entramado de Inteligencia o en una red auténticamente subversiva, todo tendría más sentido y la degradación habría sido mucho menor).

Te sientes frustrado por no haber encontrado una mano afín pero mucho más diestra con la que recuperar el vértigo abisal de las aventuras gráficas. Alguien que, con la briosa habilidad de un Jim Steranko, me resucitase y me presentase en público, lejos de los bocetos a bolígrafo y de la intimidad de un adolescente solitario. Alguien que también hubiese compartido sueños cosquilleantes con Modesty Blaise y Madame Hydra (bien deseándolas, bien identificándose con ellas).



En ocasiones de supremo cansancio, has pensado que lo dejarías todo por dedicarte solamente a la música. Pero yo, que te conozco mejor que tú mismo, sé que incluso este campo te resultaría fácilmente prescindible si pudieses volver al cómic y continuar la tarea interrumpida un día de junio del 71.


Posted by EL ZURDO at 02:17:32 | Permanent Link | Comments (3) |
Comentarios
1 - ¿Y Madame Máscara qué? ¿le parece moco de pavo? (Comment this)

Escrito por: nefario at 2007/11/22 - 13:59:14
profile
2 - En efecto, la chica de la cara hecha picadillo y la máscara dorada también tiene su encanto. Su minisaga en los volúmenes consecutivos de EL HOMBRE DE HIERRO más su reaparición en una entrega posterior (LA AMENAZA DEL MINOTAURO) la seguí con delectación. Podría considerarse una little sister de Madame Hydra: si ésta inspira respeto y temor, como diosa oscura que es, el trágico devenir de Whitney Frost se basa en el dolor, humano, demasiado humano, en la caída a los infiernos de una niña pija hija de mafioso que acaba convertida en villana a su pesar y con remordimientos (en eso podría recordar a la Bruja Escarlata o a determinadas féminas ambivalentes de la novela negra y de terror -la ya mentada Nadine Cross, por ejemplo-), abocada (a diferencia de la mutante Wanda) a la autodestrucción.
Hay en la Wikipedia una entrada dedicada a ella:
http://en.wikipedia.org/wiki/Madame_Masque (Comment this)

Escrito por: EL ZURDO at 2007/11/22 - 16:39:18
3 - Un post soberbio (Comment this)

Escrito por: Don Julito at 2007/11/25 - 23:54:01
Escribir comentario