LOS SUEÑOS
(versión revisada de un texto que ahora mismo no recuerdo dónde lo hice público)
Suelo recordar los sueños, suelo enlazarlos con otros ya soñados:
con Malicias de Beardsley que nacieron con Carroll como niñas atentas a mundos que se ocultan del mundo entre cuatro palabras (= un cuento);
con instantes extensos de intensidad difusa, de intensidad confusamente inconfundible como son las infancias, como son las estancias en parajes cerrados a lenguajes adultos ateridos de años que jamás se han vivido pues jamás se soñaron;
con visiones de hierro mohoso entre las brumas de bosques transitados por locos mendicantes persiguiendo quimeras tan ciertas como el Tiempo (o más, por anteriores);
con extremos del plano en que nos viven, con finales de la tierra ignorada por tan sólo existir en la vigilia cuando apenas se sabe lo que somos, cuando llega a olvidarse Lo Sagrado;
con mujeres que aguardan emboscadas en cuadros de Rossetti, de Holman, de Burne-Jones, de Millais, despertando conciencias embotadas, insomnes, indemnes al asalto de fuerzas invisibles para los que no cierran los ojos a las cosas;
y con... (también sueño con...).
Suelo recordar los sueños, suelo enlazarlos con otros ya soñados.


