LA ¿PARADOJA? SCACCHI
«Si regalarme dicha ya no puedes / Sea, aún tienes tu dolor.» (LOU SALOME -fragmento del HIMNO A LA VIDA, que acabaría musicando Nietzsche-)
Al confeccionar esta entrada (domingo chungo, con detalles de mal agüero, de esos que te destemplan y te dejan dolorido por dentro y por fuera), tengo fresca en la retina y el ánimo una película de bastante mal rollo vista por un canal local, LA VERSION BROWNING (crónica de fracasos y de errores, de reproches propios y ajenos, una de esas acibaradas historias que los británicos bordan en escuelas y campos de cricket). En ella me he reencontrado con Greta Scacchi, una actriz que siempre me ha resultado antipática por sus papeles de destructora (uso la expresión con que la define el personaje encarnado por Bonnie Bedelia en PRESUNTO INOCENTE -donde la Scacchi apenas aparecía y, sin embargo, su corrosiva presencia/ausencia condicionaba fatalmente toda la trama-), de demiurgo emocional tras cuyo paso por otras vidas (paso a veces catártico, otras simplemente desolador) la hierba crece (de hacerlo) con no poca dificultad.
Conocí a alguien que se le parecía físicamente (y, por ello, en un primer momento, sentí un punto de revulsión al asociarla con una actriz que me caía tan gorda). Luego me chocó la paradoja de que, al quedar encantado con esa persona (encantado, fascinado, magnetizado, hipnotizado, apelelado, cual gallina en pos de una serpiente o cual -viene a ser lo mismo- Emil Jannings -"¡¡¡KIKIRIKII!!!"- en EL ANGEL AZUL), pudiese hermanarla con la actriz cuyos personajes siempre me incitaban a tocar madera y a cruzar los dedos y, de ser posible, a meter alguna foto suya en el congelador.
La suprema ironía fue cuando, acabada la fantasía (el subidón -el trip-) que había creído vivir con esa persona, al levantar la cabeza entre los escombros propios y colaterales, y decidir si optaba (como el rallado Emil Jannings) por el bucle del cocoricó y la inmersión casi catatónica en el crack total, o si, rebelándome contra el demiurgo, hacía un intento de remake/remodel (que diría mi dios Ferry), de autoterapia, de resurrección tras esa (no tan) pequeña muerte (de tal voluntad regeneracionista surgió, a modo de exorcismo, este blog), descubrí cómo había vivido en mis carnes (mejor, en las carnes de mi corazón -y quien quiera entender la cursilada, que la entienda-) una película de Greta Scacchi, cómo no había paradoja alguna, cómo no sólo física sino también conceptualmente, quien yo había conocido y los roles encarnados por la actriz (esos roles que tanto yuyu me producían) eran Uno, malhadadamente Uno.
Si cuando traté a esa persona, me recordaba a Greta Scacchi, hoy, al toparme inopinadamente con la actriz, es justo a la inversa, el personaje de ficción se vuelve trasunto de una dolorosa y ya concluida realidad. Una vez más ésta supera a cualquier ficción, al menos a la hora de lamerse las heridas.
En cualquier caso, lo dicho: ante la destructora Scacchi siempre conviene tocar madera, cruzar los dedos y... tener una foto suya en el congelador.

«La vida humana -qué digo, la vida en general- es poesía. Sin darnos cuenta la vivimos día a día, trozo a trozo. Pero, en su inviolable totalidad, es ella la que nos vive, la que nos inventa. Lejos, muy lejos de la vieja frase "hacer de la vida una obra de arte"; no somos nuestra obra de arte.» (LOU SALOME)

