EL AMOR ES MAS FRIO QUE LA MUERTE
Segunda entrega fassbinderiana que me pasa Charlie. Sin resultarme tan magnética como LA RULETA CHINA, este primer largo del director alemán me ha producido algunas sensaciones interesantes. En primer lugar, su argumento gangsteril, su extrema austeridad de medios, su condición de cine quasi mudo con fondos musicales (apenas se habla y los tiempos muertos se dilatan con morosidad enervante), su crueldad, su deslavazada violencia y sus inesperados golpes de humor me han alumbrado falsos deja-vu imaginando todo el rato que la historia podía perfectamente rodarse en japonés, en desolados escenarios de Okinawa y con Kitano al timón y en el rol que aquí interpreta el propio Fassbinder (reconozco que hubiese preferido a Kitano como actor: su imagen pétrea me resulta simpática y con mucho carisma, a diferencia del aspecto sumamente desagradable de Fassbinder, con esas carnes embutidas en ceñidos pantalones -me acordé de aquello que decía Dalí sobre las mantecosas caderas de Hitler- y ese rostro mostrenco, como de tapir, que sólo puedo asociar -me ocurre también con los cuadros de Bacon- con mal rollo en estado químicamente puro -aunque, realmente, la presencia de Fassbinder actor es muy parecida en su accionar a la de Kitano, con una especie de histrionismo y estolidez que pesan muchísimo en cada aparición-). Seré más preciso: dos trabajos kitanescos (BOILING POINT y SONATINE) me llevan a pensar que mi cineasta favorito de los últimos años ha tenido, por fuerza, que toparse en algún momento con esta película. Y, evocando un reproche de Dildo a directores occidentales como Eastwood o Tarantino respecto a su blandura frente a la dureza inmisericorde de Kitano, me atrevería a decir que Fassbinder es tan duro como el nipón, aunque de una manera distinta, más patológica, más desesperada, más negadora de futuros (la muerte en Kitano es un final feliz empapado de memoria y de cultura racial en tanto que Fassbinder -por lo que he visto y he leído previamente sobre él- nunca ofrece finales felices, ni a los muertos ni -mucho menos- a los que continúan penando).
Pero, aparte de esa premonición de Kitano, he hallado también asociaciones con Polanski, el Polanski germinal de EL CUCHILLO SOBRE EL AGUA y también el más abiertamente pánico de CUL DE SAC: sobre todo, en esa mezcla de humor y sexualidad (una intensísima sexualidad) de la escena del tren, con un diálogo antológico entre la hermosa pasajera y el gangster al que tienta con una arquetípica manzana y un amago de desnudamiento:
-¿En qué está pensando? ¿En sexo? [pregunta el gangster cuando su compañera de compartimiento se descubre un hombro y empieza a masajearse con gesto orgásmico]
-En la Revolución [responde ella con voz tórrida]
-Genial.
-¿Usted cree?

