MIEDO AL MIEDO
Quinta entrega fassbinderiana que me pasa Charlie y cuarta que reseño (la anterior que vi, EL DIOS DE LA PESTE, me pareció una versión degradada -vamos, amariconadamente amanerada- de EL AMOR ES MAS FRIO QUE LA MUERTE -una tediosa galería de cromos gays: poco que ver con la bisexualidad bronca y cruel que da grandeza e interés a RW-).
«Así que ésta soy yo. Yo. ¿Yo? ¿Quién es ésta, yo? Ahora...» (el meollo del film se recoge en este monólogo de la protagonista ante el espejo)
El espejo como amenaza en tanto que mágica, descarnada revelación.
Los únicos momentos felices van siempre unidos a la música, a canciones como mi favorita de Cohen (LOVER, LOVER, LOVER) o como esa que me produce desde siempre escalofríos de mal rollo entreverados con placer emanado de alguna cara oscura (WE LOVE YOU, de los Rolling -primera escucha en el salón de juegos del internado malagueño allá por el 68, mientras me acosaba el Mal Absoluto-).
Aparte de la coincidencia física (el parecido de la protagonista con Samantha Eggar, de la que podría considerarse una sosias rubia), hay algo en este trabajo de Fassbinder que me lleva a Cronenberg (proceso de mutación/esclarecimiento, más mental que físico -aunque en su desazón femenina con un mundo que la incomoda, hallo también lazos temáticos con la aludida CROMOSOMA 3-, que me trae al recuerdo films como INSEPARABLES -concretamente, la angustia de Beverly Mantle- y SPIDER).
En cuanto a la interrelación de la protagonista con su marido, su cuñada y su suegra, ese desasosiego de alguien creativo y sensible arrojado a un entorno inasequible a la comprensión, no podía dejar de pensar con cierta recurrencia en anécdotas que me contó una persona muy cercana evocando sus años en otro país.
También detecto (en la duda sobre si esta mujer está exteriorizando su angustia en larvas de una creciente enajenación -versión intangible de los enanos asesinos de Nola Carveth- o si realmente la realidad se vuelve movediza y ella es la única cuerda pero rodeada de ultracuerpos -la presencia inquietante, entre amenazadora y develadora, del vecino enfermo como hombre/espejo augur de catástrofes-) un vínculo con charlas en las que mi madre intentaba racionalizar sus propios transtornos. Y, en esa misma línea, además de Cronenberg, el film me hace pensar en Polanski (REPULSION, LA SEMILLA DEL DIABLO, EL QUIMERICO INQUILINO...).
Y se mantiene la implacable crítica de RW al machismo cosificador, representado en esta ocasión por el médico y por el marido de la cuñada, listos para peneficiarse a la loca aprovechando su bajada de defensas y su pérdida de credibilidad.






