28/04/2008

ELLA



(fragmento de James Ellroy -MI VIDA DE GOLFO-)



Arranqué fotos y robé libros. Me asaltó una revelación: tú buscas una mujer especial.

La encontré. Adornaba una página de Chochorama.

Tenía treinta y uno o treinta y dos años, la piel clara y los ojos pardos, el cabello largo, lacio y con raya en el medio. Canas tempranas.

Una nariz larga. Una protuberancia en el puente. Una barbilla puntiaguda y pelos en el sobaco. Piernas largas. Caderas anchas. Un estómago sin tono muscular. Las manos y los pies más grandes que nunca había visto en una mujer.

Me reclamó. Era algo maravilloso y totalmente nuevo. Prometí monogamia. Cumplí con mi promesa. Mis viajes con los inhaladores siguieron ese guión.

No se la veía barata ni superficial ni en modo alguno merecedora de compasión o críticas. No sonreía. No se tomaba a broma su pose descarada. Su intensidad me pasmó. Descarté que lo hiciese porque la excitaba o porque necesitaba dinero. Su expresión era directa y dulce.

Recé pidiendo conocimiento y respuestas. Hablé con ella en la tienda. Los clientes me oyeron. Pusieron los ojos en blanco y se burlaron.



 



ilustración: Kim Frohsin (descubierta por esta entrada del Pez)



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23/01/2008

ESPIGADITA (fragmentos)



«Esta niña aparecía el invierno pasado por el café donde yo escribo algunas mañanas. Era una niña mayor, pero una niña. Venía con unos familiares y, bien recuerdo, tomaba un orange. Lo pedía así al camarero, con una como seguridad voluptuosa: "Tráigame un orange". Y yo seguía escribiendo o leyendo o charlando por los codos con los amigos si ya había terminado de escribir. Y, claro está, ni hacía caso de la niña y su orange. ¿Qué es una niña? Pues una niña, salvo para sus padres, apenas es nada ni nadie.»

«En la mañana gris, levanto la cabeza, me quito las gafas, enciendo un pitillo y he aquí que entra, con sus familiares de siempre, la niña, esa niña. ¿Qué ocurre aquí, qué le ha ocurrido? ¿Qué ocurrió en el mundo, Dios mío? Con sólo tres o cuatro meses, nuestra niña ya no es una niña. Su rostro de ahora recuerda aquel rostro, pero todo en ella ha cambiado. No es que esté más alta. Quizá esté igual. No, no... más alta. No, quizá lo mismo... No, no, más espigada en todo caso. ¿Son los tacones? Viene la niña vestida de mujer. Mira las cosas de otro modo. Se ve que, incluso, ve otras cosas. Se cruza su mirada con la mía y se pone muy seria. ¿Por qué se pone seria? Se acerca el camarero y dice:  "A mí, vermú". "Vermú". ¿Ya no le gusta el orange?
Yo noto como un extraño malestar. Esa niña ha crecido. No, más bien lo que está es espigada. Pero... ¿no lleva pintados los labios? Bien, ¿y qué me importa a mí que se pinte ahora los labios?
Le traen su vermú. Bebe su vermú. ¿A mí que me importa? Algo ha pasado. ¿Eran así sus ojos? Algo ha ocurrido. El tiempo que pasó es muy poco, los meses de verano. ¿Se reía así al hablar? Algo ha pasado. ¿Puede uno volverse del todo viejo en un verano? ¿Y entonces?
Ya no tiene uno la voz de romance. Hace unos años, espigadita, yo hubiera escrito otra cosa. Pero, ¿cómo hace unos años iba a escribirla, espigadita, si hace casi unas horas tú todavía no sabías pedir vermú?
Algo ha pasado.»

CESAR GONZALEZ RUANO







 

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01/05/2007

SIJE (REDUX)

"¿Muchacha? ¿Muchacho?... Este ser todo ojos, toda ojos, la cara noble, de fino perfil medallero, tiene una corta melena..."

"Luego el brazo -brazo de nadadora- ¡era tan robusto! Y el pie -no siempre guardado por la ligera sandalia- ¡tan grande, tan apto para el saltar!"

"Sorprende y turba casi ver, en el cuerpo esbelto, liso, pulido de Sijé, la anchura y la eminencia audaces de las dos cimas violeta con que los senos se coronan.Ahora que, aquel cuerpo, el sol del verano lo doró todo, evoca por el contraste del color, aquella singularidad, el aspecto de dos manchas de tinta simétricas en lo alto de una libra esterlina."

"El avance de la mañana la hacía calurosa. Y a la bella salvaje le gustaba sentir sobre la piel, en la espalda, en el vientre, la frescura recién regada de los ladrillos, a cuadrados blancos y rojos, de una pavimentación ligur."

"Ella ha hecho esta noche un gran consumo de cacahuetes. Las cáscaras las arrojaba descuidadamente al suelo, por entre la piernas, y, luego, con un pie que había libertado de su sandalia, las aplastaba con vigor. En los momentos de mayor y más escandaloso chorro de risa, este pie subía convulsivamente a lo alto. Leíamos en la planta rosa -rosa contrastando con el oro viejo de la epidermis del rostro del pie, como en los negros- la precaria incrustación de unas cuantas cáscaras..."

"La muchacha está divina. Entre los rostros y los cuerpos de las pobres actrices -trapos, lazos, maquillaje, fatiga- resplandece su vigorosa, su tres veces desnuda juventud."

(EUGENIO D'ORS)

 

 

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